13
de diciembre de 2009
Año
Sacerdotal
Mis amados hermanos y hermanas,
estemos alegres, siempre alegres en el Señor, porque viene
a salvarnos.
Hoy es el III Domingo de Adviento
que tradicionalmente se denomina Domingo Gaudete, que
es una palabra latina que significa estén alegres, porque el
Señor está cerca y al mismo tiempo la venida de Cristo es motivo
de conversión, es motivo de cambio en nuestra vida espiritual.
Si contáramos las veces que sale hoy en la misa expresiones,
como: alégrense, regocíjense, canten. Veríamos que entre las
dos lecturas y el cántico de Isaías, que hoy hacen el Salmo,
salen 12 veces.
El profeta Sofonías que era
bastante severo, exhortación a decir a Jerusalén: alegrarse
y gritar de júbilo, y lo dice precisamente en un tiempo
muy difícil, en una época turbulenta de la historia de Israel
en la que hay un fuerte retroceso en el fervor religioso parecido
al de ahora, mis amados hermanos, del tercer milenio. La causa
de la alegría que predica Sofonías no es que las cosas vayan
bien, es un motivo más profundo. El Señor, tu Dios, está no
sólo cerca. El Señor, tu Dios, está dentro de ti. Él se goza
y se complace en ti. Él te ama.
San Pablo siglos después, también,
será portador de esta euforia: estar siempre alegres en el
Señor, y precisamente, cuando san Pablo escribió estas palabras
se encontraba encerrado en la cárcel y en peligro de muerte.
Pero, Pablo sabe, Pablo está convencido y lo afirma, que el
Señor está con Él; que el Señor está cerca. La proximidad del
Señor, mis hermanos, es la única razón de su vivir y de su morir.
La Santa Misa de hoy nos ha
de alegrar el corazón, no se puede se cristiano y estar habitualmente
de mal humor; no se puede ser cristiano y estar con una cara
de empachados, verdad, no. Santo Tomás Moro, mártir inglés,
tiene un aplegaría muy sencillita, que podemos repetir durante
el día. Ojala nos la grabemos siempre, mis hermanos, y la digamos
todos los días: Señor, dame hoy un buen humor, Señor dame
hoy un buen humor.
El Señor está cerca, mis amados
hermanos, quiere renacer en nuestros corazones esta Navidad
2009. El Señor está cerca, no es que nos guste estar en la cárcel,
ni padecer del corazón, ni sufrir artrosis, ni achaques de ningún
tipo, no. Ni que las cosas nos salgan mal, pero si tengo a Dios
a mi favor y Dios está conmigo ¿quién contra mí? ¿quién puede
hacerme daño?
Amados hermanos, Dios nos ha
creado para ser felices, porque él es feliz. Los hijos tienen
que parecerse a su padre. Dios es vida comunicada, diríamos.
Dios es dicha compartida. Dios es explosión de felicidad. Dios
es danza misteriosa, es danza trascendente. Todos queremos ser
felices, porque este deseo lo llevamos en los genes. Hoy más
que nunca se cultiva y se desea un mundo feliz, pero ¿dónde
andamos buscando esa felicidad, mis hermanos? Pero lo que se
ofrece es una felicidad barata, es una felicidad que rehúye
al esfuerzo, el sacrifico, el aguante, pare de sufrir,
hasta religiones han nacido ahora pare de sufrir. Esta
felicidad barata va unida al consumismo, al placer, al éxito
fácil y todo con rapidez, mis amados hermanos. Se aparta de
nuestra vista todo lo que suponga dolor. Pues, para eso están
los paliativos, faltaba menos. Y nos apartamos de todo lo que
es dolor, enfermedad, ancianidad, fracaso, muerte. Todo el mundo
tiene que sonreír, todo el mundo tiene que ser joven, todo mundo
tiene que seducir. Pero todo esto a lo largo produce vacío,
a lo largo produce angustia, sino nos alimentamos de Aquel que
nos da la auténtica felicidad. La verdadera alegría, mis hermanos;
es otra cosa, tiene que ver con la libertad íntima, tiene que
ver con la meta conquistada, tiene que ver con el esfuerzo creativo,
con el dolor fecundo, con la comunicación sincera, con la apertura
generosa, es decir, en un palabra, mis amados hermanos, la verdadera
alegría tiene que ver con el amor.
Es una experiencia por todos
vivida y compartida que es más feliz, que él que da, que él
que recibe. Que cuando prestamos una ayuda, que cuando ofrecemos
un servicio, cuando decimos a alguien una palabra buena, cuando
el bendecimos y le sonreímos, cuando perdonamos, cuando nos
damos y ofrendamos. Miren, sentimos una alegría onda, una alegría
duradera, que nadie nos las puede quitar. Sólo el hecho de poder
amar lleva en sí la recompensa. La alegría mejor es la que rompiendo
las capacidades humanas busca otras fuentes más escondidas.
Lo escuchamos hoy en el Salmo Responsorial tomado de Isaías:
busquen aguas con gozo en las fuentes de la salvación. Ahí
hay que ir a abrevar, mis hermanos, para tener la auténtica
alegría. Es una alegría, que se contagia y se contagia de alegría
divina. Dios se goza y se complace en ti. Otra versión
más expresiva: Él exulta de gozo por ti, danza por ti con
grito de júbilo, como en los días de fiesta.
Mis amados hermanos y hermanas,
nos imaginamos a un Dios danzando y gritando de alegría porque
nos ama. Aquí lo tenemos en la Muchachita del Tepeyac, la Morenita
está danzando, está bailando porque nos trae al Salvador, porque
nos trae al Redentor, por eso en su fiesta danzamos, cantamos.
Mis hermanos, porque nos trae al arraigadísimo Dios por quien
se vive. Es una alegría, pues, que procede y se fundamenta en
Jesucristo: estén siempre alegres en el Señor, dice Pablo.
Tiene que ver con su Evangelio, con su vida, con su obra salvadora,
con su presencia entre nosotros, como paso Isabel y al niño
que llevaba en su vientre. Evangelio que ayer proclamamos Isabel
quedó llena del Espíritu Santo y exclamó a voz en cuello: ¡bendito!
¡bendito! ¡bendita tú que has creído y salto de gozo el niño
en mi seno! dice Isabel o como le pasó a la Santísima Virgen
María, que empezó a cantar su Magníficat: mi alma glorifica
al Señor, mi espíritu se goza en Dios, mi Salvador. El mismo
Jesús, mis hermanos, dice Lucas, llenó de gozo en el Espíritu
Santo dijo: yo te bendigo Padre, porque te revelas a los
sencillos, a los pequeños.
Mis amados hermanos y hermanas,
está alegría que viene de Dios está relacionada con la paz,
con el amor, está relacionada con la paz de Dios que sobrepasa
todo juicio. Pues, el gran don que nos trajo Jesucristo en su
nacimiento es este precisamente de la paz: paz a los hombres
de buena voluntad. Es la paz que nos trajo Jesucristo en
su resurrección: la paz esté con ustedes, no tengan miedo
soy Yo. Es, también, amados hermanos, esta alegría está
relacionada con el amor: nada alegra tanto, como el sentirse
amado por alguien, nada alegra tanto como el sentirse amado
por Dios. El Señor, tu Dios en medio de ti te ama y se alegra
con júbilo, y si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?
dice Pablo ¿quién me separara del amor de Cristo? ¿quién? Es
un amor que salva, mis hermanos, es un amor eterno, es un amor
que no tiene fin. Esta es, pues, la Buena Noticia, que debemos
anunciar a los pobres.
La segunda actitud, que nos
sugiere el Evangelio de hoy es la conversión. Es hacer la misma
pregunta que hacía a la par débil gente del tiempo de Juan Bautista:
oye Juan, entonces, ¿qué tenemos que hacer? Próximos
ya a la Navidad, mis hermanos, hoy nosotros debemos decirle
al Señor, a la Señora ¿qué tenemos que hacer? ¿qué tenemos que
hacer para que de verdad haya Navidad entre nosotros; para que
de verdad Cristo renazca en mi corazón; para que la Navidad
no se reduzca a comilitonas, a venidas, a pachangas, a compras,
a gastos? Termina la Navidad, ¿qué te dejó la Navidad? una empachada
de tanto comer, ¿qué te dejó la Navidad? deudas en el Monte
de Piedad, ¿qué te dejó la Navidad? angustia porque viene la
cuesta de enero y de febrero. No, mis hermanos, esa no es Navidad.
Me gaste todo el aguinaldo… Mis hermanos, no, esa no es la alegría,
eso no es la Navidad ¿qué tenemos que hacer? le dicen Juan Bautista,
Juan Bautista recomienda sobretodo, que se reparta mejor, que
compartamos. Que no se puede tener dos vestidos y que el vecino
ande desnudo, es decir, comparte lo que tienes, comparte lo
que eres. Si nos fijamos Juan no exige actos heroicos, nada,
ningún acto heroico. Sino que se actúe con misericordia, que
no se abuse de los demás, que no se ceda a lo que llamamos corrupción,
terrible cáncer para México, que terrible la corrupción en nuestro
país, en todos los niveles, mis hermanos. Hoy quieres convertirte,
hoy el Señor nos dice: no seas corrupto, no colabores en la
corrupción, aprovechándote de tu cargo, de los demás.
Amados hermanos, Juan el Bautista
desde su autoridad de testigo y de profeta nos ofrece un programa
de conversión, insiste entre otras cosas, en estos tres puntitos:
caridad, justicia, no violencia. Miren, mis amados hermanos,
también hoy podríamos preguntar a los nuevos profetas del nuevo
milenio, como Benedicto XVI ¿qué tenemos que hacer Papa Benedicto
XVI? Él nos acaba de ofrecer todo un programa de reforma, de
cambio a nivel mundial. Todo un programa de reforma en la que
se nos pide Caritas in veritate, caridad en la verdad,
caridad en la justicia, en el respeto, en la solidaridad, en
la fe. Sólo recojo estos dos pensamientos del Papa en Caritas
in veritate, dice en el número 6: la caridad va más allá
de la justicia. La ciudad del hombre no se promueve sólo con
relaciones de derechos y de deberes, sino antes, y más aún con
relaciones de gratuidad, con relaciones de misericordia y de
comunión. Y en el número siguiente el 7: la acción del
hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por
la caridad, dice el Papa, construye la edificación de
la ciudad de Dios, de esa ciudad de Dios universal a la cual
avanza la historia de la familia humana.
Amados hermanos y hermanas,
pues, pidámosle a nuestra Niña y Muchachita, Santa María de
Guadalupe, Señora del Adviento, Señora de la Esperanza, que
nos acompañe y nos mantenga perseverantes y alegres en la espera
del cumplimiento de las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.