InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Ciclo C
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Alberto Reynoso González, Pro-Vicario Episcopal de Guadalupe, en el XI Domingo Ordinario, en la Basílica de Guadalupe.

13 de junio de 2010

Queridos hermanos, hemos escuchado lo que Jesús nos dice a cada uno de nosotros: tus pecados, que son muchos quedan perdonados, porque has amado mucho. Más adelante nos dice: tus pecados quedan perdonados, vete en paz tu fe te ha salvado. Con estas palabras Jesucristo, nuestro Señor, nos revela que nos ama mucho con estas palabras nos revela que Dios nuestro Padre nos ama mucho, tanto que nos ha enviado a su Hijo Jesucristo, nuestro Señor que muere en una cruz, y ahí en esa cruz nos reconcilia con el Padre. El Espíritu Santo perdona nuestros pecados en la Iglesia, a través del Sacramento de la Reconciliación, Dios nos perdona.

Vemos, pues, tres cosas muy importantes. Primera: somos pecadores y Dios reconoce que somos nosotros pecadores; sin embargo, y precisamente porque somos pecadores Dios nos perdona ¿por qué nos perdona? porque nos ama mucho. La causa del perdón que Dios nos ofrece es porque Él nos ama mucho. Pero, también, a esta reconciliación, a este perdón se requiere una respuesta. Lo vemos precisamente, como san Agustín nos dice: él que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti, necesita una respuesta. Y, precisamente, vemos como los apóstoles y algunas mujeres caminan con Cristo y nos ha invitado a todos nosotros a caminar con Cristo hasta la cruz, que es el signo del amor de Dios hacia nosotros. Caminamos hacia la cruz y por eso podemos decir, con san Pablo: vivo yo, pero no soy yo es Cristo quien vive en mí, estamos viviendo la vida de Cristo somos otro Cristo, pero también necesitamos una respuesta. Dios exige una respuesta por parte nuestra. Somos libres, respeta nuestra libertad, nuestra dignidad de personas humanas.

Veamos algunas de estas respuestas de esta Liturgia de la Palabra. El fariseo no se siente merecedor del perdón de Dios, porque no se siente pecador. Los apóstoles y las mujeres caminan con Jesús. El Rey David se reconoce pecador. La Santísima Virgen, María de Guadalupe exclama humildemente: el Señor ha puesto sus  ojos en la pequeñez de su esclava. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿qué le respondemos nosotros al Señor? Es una respuesta personal, nadie la puede dar en lugar nuestro, ni la podemos dar en su lugar ¿cuál es nuestra respuesta? ¿realmente reconocemos qué somos pecadores? Pero todavía más importante, ¿reconocemos que solamente Dios perdona nuestros pecados? ¿lo creemos sinceramente? Cristo por medio de la Iglesia perdona nuestros pecados.

Miren, si esto sucede aquí, es tan hermosa esta paz que Dios nos da y que solamente Dios nos la puede dar y nadie nos la puede quitar. Imagínense, si esto es aquí en la tierra ¿cómo será esa paz en el cielo?

¡Qué hermoso! La oscuridad que ahora tenemos será muy hermosa, con mucha luz, la luz de Cristo, la luz de Dios.

Pues, bien, hermanos, en silencio, en silencio de nuestro corazón digámosle a Dios esta oración que rezamos en la Sagrada Eucaristía, y le decimos a Cristo:

¡Oh sagrado banquete!, en el cual se recuerda la memoria de Su pasión,
se nos llena el alma de gracia y se nos da una prenda de nuestra futura gloria.

Amén.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior