InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Ciclo B
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. Pedro Rafael Tapia Rossete, M. I. Sr. Cango Arcipreste del Cabildo, en ocasión de la celebración de Confirmaciones en la Basílica de Guadalupe.


26
de mayo de 2006

Mis queridas hermanas y hermanos todos en el Señor, queridas niñas y niños que se  preparan para recibir hoy el sacramento de la confirmación.

Hoy se renueva entre nosotros, ese misterio de Pentecostés. En ese día recordamos que el Señor envió sobre los apóstoles al Espíritu Santo como lo había prometido y les confirió el poder de perfeccionar la obra comenzada en el bautismo mediante el don del Espíritu Santo.

Así lo leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando San Pablo impuso las manos a algunos  bautizados y descendió sobre ellos  el Espíritu Santo y empezaron hablar en diversas lenguas.

Los obispos, que son los sucesores de los  Apóstoles han recibido este don, este poder y así, ya sea por ellos mismos, ya sea mediante presbíteros designados legítimamente para este ministerio nos van comunicando el don del Espíritu Santo para que este don que habíamos recibido en el bautismo y que nos ha hecho renacer como hijos de Dios a la vida, a la vida de Dios, haga de nosotros mejores testigos de Cristo en nuestra vida diaria.

Si, bien es cierto, que en nuestros días, esta presencia del Espíritu Santo se manifiesta de una forma muy sencilla no como en los apóstoles el día de Pentecostés, con prodigios extraordinarios como el don de lenguas, como el estruendo que surgió en el lugar donde estaban; sino en la sencillez, es cierto que ese don del Espíritu Santo lo recibimos para que cada uno de nosotros vivamos con mayor profundidad nuestra fe.

Es el Espíritu de Dios, el que nos congrega en un sólo cuerpo y aunque son muchos los dones, los carismas que Él derrama sobre nosotros y muchas las vocaciones o llamados que suscita en cada uno de aquellos que lo recibimos; también es cierto, que tenemos que reconocer que es uno ese Espíritu en cada uno de nosotros.

El don del Espíritu Santo, que ahora van a recibir como un sello espiritual completa en cada uno de ustedes que lo van a recibir esa semejanza a Cristo y los hace miembros más perfectos de la Iglesia.

En efecto, no podemos olvidar  que Cristo Nuestro Señor fue ungido por el  Espíritu Santo en el bautismo que recibió de Juan y así fue enviado a realizar su obra y encender por toda la tierra el fuego  del Espíritu.

Ustedes mis queridas niñas y  niños, que hoy van a recibir precisamente el sacramento de la Confirmación, no podemos olvidar que ya desde  nuestro Bautismo Dios nos ha consagrado para Él  y  que ahora al recibir el don del Espíritu Santo nos va a fortalecer para  que cada uno de nosotros al quedar marcados por la señal de la cruz en nuestra frente seamos testigos de Cristo, donde quiera que nos encontremos.

Tal vez es cierto que nos cuesta mucho trabajo, quizás, dar testimonio. Entender de que se trata este testimonio ser testigos de Cristo; sin embargo, yo  creo que entre nosotros los cristianos hay signos muy concretos a través de los cuales nosotros manifestamos como  debemos dar testimonio.

Son  tres características  las que el Señor nos ha dejado y a través de las cuales podemos dar testimonio de Jesús  con nuestra vida.

No todos, quizás, tendrán el don de la palabra para hablar de Jesús; pero sí, en nuestra vida, muchas actividades que realizar que tienen que estar marcadas por esa  presencia de Cristo en medio de nosotros. La primera de ellas es el amor; así como Cristo nos lo ha enseñado y nos  lo ha dejado como mandato, amándonos los unos a los otros como el nos ha amado.

La segunda el perdón, así como Él nos lo ha enseñado, sí cada cual no perdona de corazón a su hermano tampoco el Padre lo  va a perdonar, señal elocuente de los cristianos es saber perdonar a los hermanos cuando nos hacen daño, cuando hablan mal de nosotros, cuando nos persiguen, cuando tienen alguna cosa  contra nosotros.

Y la tercera, Jesús mismo nos enseña, con su ejemplo, como tenemos que aprender a servir, Él se hace sencillo y se pone a lavar los pies a los Apóstoles y Él nos dice: Que, no ha venido a  ser servido, sino a servir  y a dar la vida por los demás; de tal suerte, hermanos míos, que hay son tres características que podemos decir que nos hablan de cómo podíamos dar testimonio  con toda sencillez de nuestra vida;  amando, perdonando y sirviendo a nuestros hermanos.

Esto es lo que debemos de manifestar en nuestra vida de cada día, por eso es importante que ustedes, niñas y niños procuren ser siempre  miembros vivos de Cristo, miembros vivos de la Iglesia y que se esfuercen ustedes por ser conducidos por el Espíritu Santo para que en verdad  delante de los que estemos, nosotros podamos dar testimonio con nuestras obras, con nuestras palabras.

Y todos nosotros que  esta mañana acompañamos  a estos  hermanos nuestros que reciben el sacramento de la confirmación, pidamos también que el Espíritu Santo derrame sobre nosotros sus dones y nosotros que en otro momento hemos sido ya confirmados podamos ser  mejores testigos de Cristo, donde quiera que nosotros nos encontremos.

También a través de esos signos el amor,  el perdón y el servicio que la intercesión de nuestra Madre la Virgen Santísima de Guadalupe nos ayude a todos para que cada uno de nosotros sepamos dar testimonio de la presencia salvadora de Cristo en medio de nosotros. Que así sea.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior