El relato evangélico de hoy nos presenta a Jesús anunciando
y haciendo vigente el Reino de Dios en la historia, con su
predicación, con sus acciones y su presencia personal: realiza
curaciones, expulsa demonios, ora al Padre celestial y anuncia
el Evangelio del Reino.
Jesús, al curar, no sólo lo hace corporalmente sino que cura
íntegramente a la persona. Jesús sana, su paso es signo de
la vida, y la vida es signo del Reino que se hace presente.
La suegra de Pedro está enferma y recibe la curación para
que recupere su papel en la comunidad; se puso a servir.
Jesús cura totalmente al hombre, en lo físico, en su interioridad
y lo reincorpora a la sociedad, da cumplimiento a lo que proclamamos
en el Salmo:
El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas.
Tiende la mano a los humildes.
Jesús es la respuesta al sufrimiento humano, como escuchamos
en la primera lectura; Job observa que la vida del hombre
sobre la tierra es dura y está llena de fatigas. No sólo el
día es penoso sino que la noche es una pesadilla, pues, mientras
para unos es ocasión de reposo, a él le trae preocupaciones
y tormentos.
El problema del sufrimiento humano encuentra su solución no
en una filosofía de la aceptación, sino en la certeza' absoluta
de que todo sufrimiento existe con miras a construir juntamente
con Cristo que muere pero que también resucita.
Dios que sana los corazones quebrantados y venda las heridas,
se sigue manifestando aquí, desde que Maria de Guadalupe se
hizo presente al bienaventurado Juan Diego, diciéndole: Juantzin,
Juan Diegotzin (Juanito, Juan Dieguito)... oye hijito
el más pequeño... sabe y ten por seguro, que yo soy la perfecta
y perpetua Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien
se vive... Quiero mucho y deseo que en este lugar me levanten
un templo: en el daré todo mi amor, mi compasión, mi ayuda,
mi defensa de los hombres. Yo soy Madre misericordiosa de
ti y de todos ustedes, los que viven unidos en esta tierra...
los que claman a mí, los que me buscan, los que en mí tienen
confianza. Ahí he de oír su llanto, su tristeza, para remediar,
para aliviar todos sus múltiples dolores, necesidades e infortunios.
De esta manera Dios muestra su amor maternal por medio de María
de Guadalupe y nosotros que como Job cargados de trabajos,
problemas y penas venimos a ti, Madre nuestra, para que nos
ayudes, queremos sentirnos reclinados en tu regazo.
Pero, también venimos para poner a tus plantas nuestros proyectos
de vida cristiana en la familia, en las labores cotidianas
y en nuestro trabajo pastoral en las Parroquias, en el Decanato
y en la Diócesis, en una pastoral pensada, planeada, donde
contribuyamos a llevar el Evangelio a todos los habitantes
que conforman nuestra Diócesis y más allá de ella, a ejemplo
de San Pablo, como escuchamos en la segunda lectura proclamada
hoy, como la suegra de Simón Pedro que no sólo se conformó
con ser curada, sino se puso a servir a los demás; como San
Juan Diego que puso todo su empeño en hacer todo lo que le
mandabas para que el Sr. Obispo de México edificara el templo
donde manifestarías todo tu amor y tu ternura de Madre.
La vivencia de nuestra fe no sólo nos hace manifestarla en
lo privado y al interior de la comunidad eclesial, sino que
nos compromete a participar en toda actividad humana: Sólo
por ignorancia o por prejuicio puede sostenerse que la fe
en Jesucristo deba quedar excluida de una auténtica incidencia
en la vida social e institucional de nuestra nación,
En la Oración Colecta pedimos a Dios Padre de misericordia
que, por intercesión de la Virgen María de Guadalupe, profundicemos
en la fe que profesamos y busquemos el progreso de nuestra
patria por caminos de justicia y de paz. Esto nos ilumina
a ser sujetos activos en construir una sociedad donde se tenga
la oportunidad de cimentar un proyecto solidario, plural
e incluyente, al servicio de las personas, de las familias,
de sus valores y de su historia.
Este año será de elecciones, de Presidente de la República,
de Senadores y Diputados Federales.
La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida
en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones
políticas y garantizan a los gobernados la posibilidad de
elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien de sustituir
los oportunamente de manera pacífica.
Es un deber de todos contribuir al bienestar de la sociedad,
por tal motivo, es también un deber el votar de manera razonada
la mejor opción para el bienestar de nuestra nación, abstenerse
de votar es no querer contribuir con el bien de todos.
Los pastores de la Iglesia desde la misión que nos es propia
aclaramos que nuestra labor es prioritariamente pastoral y
nunca partidista: proponemos los principios de reflexión,
de criterios de juicio y las directrices generales que deben
ayudar a los fieles laicos a realizar su vocación y misi6nen
el mundoLos fieles laicos a través de su acción han de buscar implementar
con una perspectiva de fe, con competencia profesional las
soluciones que correspondan. En la Doctrina Social de la Iglesia
encontrarán luz suficiente para iluminar las complejas cuestiones
políticas, económicas culturales y sociales que reclaman un
manejo acorde a la dignidad de las personas y al bien común.
Santa María de Guadalupe Madre nuestra, hemos meditado la palabra
de tu Hijo, te hemos expuesto nuestras preocupaciones personales,
famí1íares, de nuestras Parroquias, Decanatos, Diócesis y,
de nuestra Patria, ven con nosotros a caminar ayúdanos a tener
familias como tu familia en Nazaret ayúdanos a que nuestra
Diócesis sea cada día más signo (sacramento) de salvación
en el mundo, te encomendamos al Sr. Obispo Rodrigo Aguilar
Martínez para que a ejemplo de tu Hijo el Buen Pastor, nos
conduzca con amor, comprensión y seguridad en esta etapa de
nuestra historia diocesana ayúdanos a construir una nación
donde reine el amor, la justicia y la paz.
San Felipe de Jesús y San Juan Diego intercedan por nosotros.
Amén