InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José Fernández Arteaga, Arzobispo de la Arquidiócesis de Chihuahua, en su peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

26 de julio de 2007

Muy queridos hermanos presbíteros, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas, pueblo laico de Dios. Ahora que escuchaba la lectura del Evangelio, decía yo comparando aquel pueblo de la montaña de Judea con este pueblo que entonces era, y lo podemos seguir llamando pueblo del Tepeyac. ¿Cuánto hubiera dado aquel pueblo de las montañas de Judea porque María hubiera permanecido ahí?

Leyendo un poquito, unos cuantos párrafos adelante del Evangelio nos dice que María estuvo unos tres meses y se regresó a su casa. ¿Cuánto hubieran dado por que María hubiera permanecido ahí? Que diferente sería en estos tiempos ese pueblo.

Leía hace unos días que en el año 2006, este Santuario de Guadalupe fue el que tuvo más peregrinos de todos los santuarios del mundo y me preguntaba: ¿Qué tiene este Santuario, sobre otros santuarios grandes de aquí de México o del mundo que alguno de nosotros conocemos?

Cuando veníamos caminando a pie en este tramo que solemos hacer de una hora a una hora y media desde la exglorieta de Peralvillo a la Basílica, decía yo: no es el Santuario más cómodo para acercarse a él, le faltaría esto, le faltaría esto otro como lo hemos visto en tal parte. ¿Qué será entonces lo que tiene este Santuario?

No he tenido tiempo de estudiar otras apariciones aprobadas por la Iglesia de la Santísima Virgen, a ver si en estas apariciones María promete quedarse o solamente como Ella viene da un mensaje, tiene un mensajero, le da un mensaje al pueblo y regresa al cielo.

Y aquí el gran mensaje de María para nosotros es que quería quedarse, que le hiciéramos una casita para permanecer aquí, para mostrarse madre tierna y cariñosa de cuantos la invocáramos y eso hace ya más 500 años que permanece María aquí.

Ayer venía yo caminando por ahí para llegar a México y venía con un sacerdote que se notaba que no era mexicano, y le pregunto ¿de dónde es? Me responde soy de Zamora, España y ¿cuántos años tienes aquí en México? Respondió como 27 años ya en México. Y de broma le preguntaba ¿oye, y como vez las costumbres mexicanas? Responde ya con los 27 años yo ya me hice de aquí.

Y me preguntaba, si María Santísima cuando llegó años todavía traía la forma de hablar, la forma de pensar, la cultura de allá de su tierra, yo creo que ciertamente después de 500 años de estar entre nosotros ahora ya es plenamente mexicana, su forma de hablar, de pensar, su cultura, su forma de ver las cosas, de expresarse, todos los gustos. Y así consideramos nosotros a la Virgen María desde siempre, desde que se apareció, principalmente de allá de tiempo atrás no puede negarse María que es mexicana, es como nosotros, que se ha identificado con nosotros, que se ha insertado.

Antes, ya no he escuchado mucho esta palabra, por allá en los principios del Concilio se usaba mucho cuando uno quería realmente evangelizar a un pueblo, cuando quería entender y poderles explicar bien las verdades, la fe, el Evangelio. Decía es que tienen que insertarte; es decir, hacerte uno de ellos, en la forma de hablar, de sentir, de todo para que te puedan entender, para que les puedas expresar, para que lo que tu digas para ellos se signifique lo que tú quieres expresar.

María ha estado insertada con nosotros, porque es nuestra catequista y la hemos entendido, aunque a veces nosotros no comprendamos se ha hecho una de nosotros. Que lastima que cuando nosotros hacemos nuestros censos y cuando hablamos de que México es así, de que la gente es de otra manera, nos olvidemos de que también Ella entra, aunque sea un número más cuando se da el total de los habitantes porque María no está muerta, está viva y es una mexicana mucho antes que nosotros.

Y se nos olvida también decir que si hay gente de esta manera, gente que es de otra, hay gente como María Santísima, que piensa de otra manera, quien manda acá, que es nuestra catequista y está insertada entre nosotros, y nosotros no podemos dirigirnos a María Santísima, no la entenderíamos, si hiciéramos un esfuerzo, si nos esforzáramos y pensáramos como dirigirnos a María, cómo le diré, con qué palabras.

Como no hacemos ningún esfuerzo por voltear con nuestro vecino que esta sentado, le decimos, déjame un lugar, espérame, te ayudo con esto; ningún esfuerzo nos sale espontáneo porque sabemos que nos entiende, que es de nuestra raza. Así también debe de ser nuestra oración a María Santísima.

Quiero expresar algo, ojalá se me entienda bien. Agradezco sobre manera y agradecemos cuando el Señor Cardenal, los Señores Canónigos, la gente que está encargada de ver que tenemos un micrófono, ver que tengamos luz, que tengamos los lugares para sentarnos, bancas, techo para no mojarnos; cuando nos dan la bienvenida.

Yo siento que estamos ya en el corazón de María, que la primera bienvenida nos la da María a su Casa, que no necesitamos bienvenida. Yo no me acuerdo que alguna vez mi madre me haya dado la bienvenida cuando yo iba a la casa, porque cuando vamos a la casa de la madre no nos dan la bienvenida, no la dan cuando nacemos, pero es nuestra casa, es nuestro corazón.

Si bien que bueno que hay personas, que hay cristianos, un Señor Cardenal, Señores Canónigos que esperan para que la casa de María que realmente tengamos nosotros las comodidades necesarias, que bueno, que nosotros nos sentimos propiamente en casa para que podamos expresarnos, sentirnos y podamos de alguna manera traerle a Nuestra Madre todas las cosas que nosotros deseamos traerle.

Cuando uno va a una casa ajena y lleva un regalo, siempre procura envolverlo y a veces cuando no lo presentamos bien decimos: hay perdona la presentación, pero te traje este regalo; en cambio, cuando vamos a nuestra casa nunca nos preocupamos, porque vamos a nuestra casa y si en el camino compramos una fruta tal cual la dejamos en la casa, si pasamos por una carnicería y encontramos un pedazo de carne, lo llevamos sin preocuparnos de la envoltura y si encontramos una buena prenda de ropa para mamá, la hermana o para quien sea, lo echamos a la bolsa y se lo entregamos, porque no necesitamos presentación cuando vamos a la casa.

Algunas ocasiones y que bueno y lo alabamos, queremos traer un coro especial para presentar alegremente nuestros cantos para que nuestras melodías sean estudiadas, que bueno, y lo tenderemos que seguir haciendo porque de todos modos el cariño nos impulsa a traer cosas así, pero cuando no podemos y lo hacemos espontáneo María lo recibe con igual gusto y agrado.

Nosotros no necesitamos traer una lista bien escrita y bonita así con mucha ortografía y bella letra con las peticiones que le traemos a María Santísima, algunas las apuntamos en cualquier papel, otras las apuntamos en nuestra débil memoria que a veces nos falla, porque no nos acordamos del nombre de

la persona que está enferma o de la otra persona que nos dijo…, pero así lo presentamos a María porque también Ella entiende y que bueno que así sean nuestras peticiones a María Santísima, eso que tú sabes María, eso que me dijeron ayer y eso que tú recuerdas a mí ya se me olvido y cuando salí de mi pueblo me dijeron que especialmente te encomendará… porque eso si se lo podemos decir a Nuestra Madre con esa confianza, con esa alegría y con esa seguridad de ser escuchado, porque María está aquí presente.

Decía yo cuando comparaba el número de visitas a este Santuario con otros santuarios, ¿no será porque María quiso quedarse realmente aquí presente? Ella no solamente vino a dar un mensaje, no solamente dijo que Juan Diego apuntara o dijera lo que nos mandaba decir, quizá también por eso escogió a un Juan Diego que no era capaz de dar todos estos mensajes y trasmitirlos tal cual ni con el mismo lenguaje teológico.

Porque el mensaje que realmente quería dejarnos, es que Ella quería estar en medio de nosotros como catequista, y enseñarnos para lo cual Ella fue creada y traída al mundo. Dice la Escritura que María fue traída al mundo para que naciera de Ella Aquel que tenía que nacer de una mujer para entregarnos a Jesús.

Y en realidad esta es la norma que nosotros debemos de ver y es la medida con que debemos medir la devoción de María Santísima, si nuestra devoción es verdadera y es clara si es teológica, sencilla, si es como la Iglesia quiere y por la devoción de María llegamos a Jesús.

Cuando por la devoción a María alimentamos nuestro propio orgullo o alimentamos nuestro propio gusto, nuestro sentimentalismo, o invenciones devocionales y anti-teológicas o peri-teológicas o como queramos llamarle esta devoción tendrá que buscarse o purificarse.

Cuando la devoción a María con toda su sencillez y con toda la profundidad nos lleva a conocer mejor a Jesús, esa será la mejor devoción que nosotros podemos tener de María. Si nosotros quisiéramos preguntarnos si nuestras peregrinaciones aquí a la Basílica desde Chihuahua, de la Arquidiócesis, de otros lugares son realmente fructíferas, preguntémonos si conocemos y queremos mejor a Jesús, si estamos dispuestos a ser lo que Él nos diga, que es como la prueba que nos dió María, en aquellos sirvientes que la Iglesia siempre lo ha entendido como dicho a nosotros para hacer siempre la voluntad de Dios y de Jesús entre nosotros.

Y ojalá que cada uno de nosotros nos vayamos de aquí hacia nuestras casas y lugares de origen de donde venimos, queriendo y conociendo un poco más a Jesús y amando más a nuestra catequista María que nos lo ha dado a conocer, y queremos irnos con la alegría de haber estado en la casa de nuestra madre, no podemos platicar más, no podemos decir más.

Cuando vamos a unos lugares distintos, cuando vamos a un museo, a una casa elegante, a la casa de un rico, a la casa de la cultura, salimos contando muchas cosas porque vimos esto, escuchamos aquello, conocimos aquello que no habíamos visto, nos dimos cuenta de lo de más allá.

Cuando vamos de nuestra casa, y nos preguntan ¿oye, que viste en tu casa?, ¿de dónde vienes?, ¿de tu casa? A bueno, nadie nos pregunta; que bonito que así sintamos nosotros aquí la casa de María. Nadie nos va a preguntar qué vimos, qué sentimos, qué experiencia nueva obtuvimos, simplemente venimos de la casa de mamá. A bueno, ya todos sabemos que lo que ahí se siente, se ve, se experimenta es para uno, es para los demás, pero no se expresa con palabras, sino con el comportamiento, cada hijo cuando verdaderamente es hijo y va a la casa de su madre, ese hijo sale mejor, porque recordará el consejo que le dió su madre cuando era niño, recordará en aquel mueble el consejo que le dió su madre de cuidarlo, procurarlo, remendarlo, de tenerlo presente.

Así también nosotros cada vez que volteamos y vemos los ojos de nuestra madre nos acordamos de tantas ocasiones en que esa mirada dentro de nuestro corazón nos ha dicho tantas cosas, nos ha expresado tanto, es para que al salir de aquí seamos distintos, mejores y contagiemos de bondad a todo aquel que cerca de nosotros

Todo esto mis queridos hermanos debemos llevarlo allá, porque somos toda la Arquidiócesis, tenemos la responsabilidad, nadie nos lo ha dicho, pero se entiende y sobre entiende que representamos aquí a los cerca de 2 millones que tiene nuestra Iglesia particular, de gente de toda clase, primeramente de muy diversas edades, creencias, opiniones; gente que nos quiere y no, gente que nos ve con indiferencia, nos levanta falsos testimonios, toda esa gente tenemos que entregarla aquí en la casa de mamá María para que ellos aquí presentes escuchen también y vean los ojos de la madre y puedan recapacitar y escuchar: “hagan lo que mi Hijo les diga”.

Continuaremos la Liturgia Eucarística porque María nos entrega a Jesús, nos invita alimentarnos con el Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía, nos invita a que adoremos al Señor con toda esta belleza de la Liturgia que, la Iglesia pone para bendecir a Jesús y adorar al Padre eterno.

Ojalá que de veras las peregrinaciones que hacemos hacia la casa de la madre donde Ella está, nos vayamos con la ilusión, con la realidad de haber estado con Ella, si bien nuestros sentidos no lo perciben esta presencia real sino a través de su imagen sí, nos lo dice la fe, que hemos estado con Ella, porque Ella se ha quedado aquí para mostrarse madre tierna y cariñosa de cuanto la invocan y realmente nos hemos sentido que estamos en sus manos, que vamos en su regazo y hemos estado en la casa de Ella en donde hermanos nuestros han procurado que tengamos un lugar adecuado en donde podamos celebrar, escuchar y en donde podamos sobre todo expresar la Liturgia según nos lo ha enseñado el Padre, por medio de la Iglesia.

Para la catequista el mejor premio es que, los catequizados hayamos aprendido la fe, vamos no a recitar, sino a proclamar o mejor dicho a presumir la fe que por los labios de María como catequista hemos aprendido y por eso puestos de pie todos los invito a proclamar con alegría las verdades de nuestra fe en el credo.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior