23
de enero de 2007
Una
súplica hacemos en esta mañana, hermanos, al Señor a través de la
intercesión de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe.
Primeramente que nosotros, que hoy venimos como Ella, en camino,
podamos día con día a pesar de las dificultades cumplir con su voluntad.
Ustedes saben que ser testigos de la verdad, ser hijos de Dios, de
María, no es nada fácil en el mundo que estamos viviendo; sin embargo,
el venir hoy aquí, es un compromiso, no es un paseo, es un compromiso
de ser testigos de la verdad, es un compromiso de cumplir su voluntad
a los ojos de aquellos miles de nuestros hermanos diocesanos en Apatzingan
que no pueden o que no quieren cumplir esa voluntad.
Hoy adquirimos cada quien en nombre de la diócesis y de nuestras
familias ese compromiso, decirle Señor aquí estoy, en este lugar sagrado,
¿para qué? Para cumplir tu voluntad. No para ofrecer sacrificios,
no para ofrecer limosnas, no para ver nada más, hemos venido, y eso
el Señor nos lo pide, para cumplir su voluntad. Esa voluntad que es
difícil, como el Señor nos lo dijo. Esa voluntad, hermanos, que nos
costará a veces lágrimas y sangre, incomprensiones.
Para nosotros sacerdotes; es un gran compromiso cumplir su
voluntad como sacerdotes, para ustedes como padres y madres familia,
hoy renovamos ese compromiso a los pies de María Santísima de Guadalupe
de cumplir su voluntad. Entonces seremos, como dice el Señor: sus
hermanos, sus hermanas, su madre.
Y pedimos también, hermanos, está mañana al Señor, por intercesión
de María de Guadalupe que nuestra diócesis llena de grandes violencias,
de tantas muertes y dificultades se cumpla también su voluntad eso
vamos a suplicarle con nuestro corazón, con nuestra fe.
Que así sea.