Saludo muy queridos hermanos sacerdotes, religiosos (as) seminaristas
y fieles laicos de nuestra amada Diócesis de Valle de Chalco.
Nos encontramos reunidos en la casita de nuestra Madre Santísima
de Guadalupe, para darle gracias a Dios por el 4to. aniversario
de la erección de nuestra Diócesis.
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?,
palabras que pronunció Isabel cuando la virgen la visitó.
La presencia de la Virgen María en la casa de Isabel, trajo
gran alegría, quien llena de Espíritu Santo exclamó: "Apenas
llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno.
Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuando te fue
anunciado de parte del Señor" (Lc 1, 44-45).
Como Isabel también podemos decir nosotros los mexicanos ¿Quiénes
somos nosotros para que la madre de Nuestro Señor Jesucristo
nos haya visitado en la montaña del Tepeyac? Y nos haya dejado
su bendita imagen que podemos contemplar directamente en esta
su casita sagrada; al contemplar su imagen podemos hablar
directamente con María, experimentar su amor, su protección,
su consuelo ante nuestros sufrimientos y problemas.
l.- María de Guadalupe, Madre de Dios y Madre nuestra.
En la primera lectura del libro del Eclesiástico escuchamos
las siguientes palabras:"yo soy la madre del amor...Vengan
a mí, ustedes, los que me aman... mis palabras son más dulces
que la miel". En efecto, la Santísima Virgen María de
Guadalupe se presenta como la madre del Verdaderísimo Dios
por quien se vive, del Dios amor, le dice a Juan Diego: "sábelo,
ten por cierto, hijo mío, el más pequeño, que yo soy la perfecta
siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo Dios por
quien se vive, el creador de las personas. El dueño de la
cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño
de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten
mis casita sagrada". (Nican Mopohua 26).
Pero también en la persona de Juan Diego con palabras dulces,
maría se presenta como nuestra madre, en la que podemos encontrar
ayuda y consuelo: "porque yo en verdad soy vuestra madre
compasiva. Tuya y de todos los hombres que en esta tierra
estáis en uno y de las demás variadas estirpes de hombres,
mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los
que confíen en mí. Porque allí les escucharé su llanto, su
tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas,
sus miserias, sus dolores. (Nican Mopohua 29-32). Cuando Juan
Diego estaba afligido por la enfermedad de su tío Juan Bernardino,
María le salió al encuentro y le confortó con estas hermosas
palabras: "¿no estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿no estas
bajo mi sombra y resguardo?, ¿no soy yo la fuente de tu alegría?,
¿no estás en el hueco de mi manto en el cruce de mis brazos?,
¿tienes necesidad de alguna otra cosa? (Nican Mopohua119).
2.- La señal que nos dejo Maria: su Imagen bendita
Cuando Juan Diego fue a visitar al Obispo Fray Juan de Zumárraga,
para comunicarle el deseo de la virgen que le construyera
una casita, el obispo pidió una señal: "para poder ser
creído como a él lo enviaba la reina del cielo en persona"
(Nican Mopohua78). ¡Que bien¡ que el obispo pidió una señal,
porque gracias a ello, la Santísima Virgen nos dejó su bendita
imagen, impresa en la tilma de Juan Diego, esta bendita imagen
en sí misma es un milagro, no pintada por manos humanas, con
extraordinaria belleza, que constituye un códice, un mensaje.
Se trata de una imagen rodeada del sol, su manto lleno de
estrellas, su vestido lleno de flores, la luna bajo sus pies;
María nos trae a Cristo, el verdadero sol, que viene a iluminar
nuestra vida, el dueño de toda la creación, del sol, de las
estrellas, de la tierra, de la luna. Ella quiere una casita,
donde todos experimentemos la fraternidad. En un mundo dividido
por guerras discordia, odios, terrorismo, María viene a enseñamos
que todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre y el Espíritu
Santo, va formando en cada uno de nosotros a Cristo, es el
artífice de la unidad, de la comunión en la Iglesia. "Al
llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo nacido
de una mujer...para hacemos hijos suyos… envió a sus corazones
el Espíritu de su hijo que clama ¡Abbá! ¡Es decir, Padre¡"
Gálatas (4,4-6).
3.- María modelo de fe
"Dichosa tú que has creído porque se cumplirá cuanto te
fue anunciado de parte del
Señor" (Lc1,45). María es ejemplo y modelo de fe, de confianza
total en Dios, para toda la Iglesia y para cada uno de nosotros.
4.- María alaba a Dios con el cántico del "Magnificat"
"Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de
júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad
de su esclava" (Lc 1,46-48). También nosotros hemos venido
llenos de júbilo a proclamarlas grandezas que Dios ha hecho
en nuestra Diócesis, durante los primeros 4 años de su existencia:
Dios nos ha bendecido con 4 nuevos sacerdotes, varios seminaristas,
religiosos (as), nuestro presbiterio y muchos laicos comprometidos,
sentimos la protección de San Juan Diego, el mensajero de
la Virgen, quien es patrono de nuestra Diócesis, y del Siervo
de Dios Juan Pablo II, quien pisó tierra de Valle de Chalco
y celebró la Eucaristía donde está actualmente nuestra Catedral.
Ponemos en las manos del Señor nuestro Plan Pastoral de renovación
Diocesana, inspirados en el Vaticano II y en la espiritualidad
de la comunión, como también la creación del seminario menor
en nuestra Diócesis, y la misión evangelizadora que realizarán
nuestros seminaristas en la parroquia de San Rafael en este
verano. ''Puso sus ojos en la humildad de su esclava" (Lc 1,48).
María representa al pueblo pobre, sencillo, humilde, que no
cuenta con riquezas materiales, pero que su gran riqueza es
Dios y es el amor que lleva a los pobres a descubrir su grandeza,
su gran dignidad y a unirse como hermanos. Dios es el gran
defensor de los pobres, y la Iglesia fundada por Cristo, es
la abogada de la justicia y defensora de los pobres, con su
enseñanza social nos indica que el ser más preciado de la
creación, es el ser humano (hombre y mujer) que tiene una
gran dignidad como persona, cualquiera que sea su condición
social, con derechos inalienables, que deben ser respetados
por todos, entre los cuales el derecho fundamental, es el
derecho a la vida, desde su concepción hasta la muerte natural
y nada ni nadie puede privarlo de ella, además tiene derecho
a una vida digna, al alimento, a la educación, a la salud,
a un empleo digno.
La ciencia y la técnica no pueden estar al servicio del mercado,
sino al servicio del ser humano. Tenemos que trabajar para
crear la conciencia de que necesitamos una economía que sea
incluyente y no excluyente, que produzca los bienes, y se
distribuyan para todos. Infundir un gran respeto a la naturaleza,
por lo tanto, a la ecología y al medioambiente. Devolverle
su sentido noble a la política que consiste en organizar el
bien común, no el bien de unos cuantos o de algunos grupos
partidistas.
Todos los cristianos, como exigencia de nuestra fe estamos
comprometidos en trabajar por hacer un mundo más justo y más
humano, un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite el
amor, la paz, la justicia, donde desaparezca toda clase de
corrupción. Todos estos compromisos los ponemos en las manos
de Dios por medio de nuestra madre Santísima de Guadalupe.
Así sea.