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Homilía
pronunciada por Excmo. Sr. Obispo Luis Artemio Flores Calzada, Obispo de la Diócesis de Valle de Chalco, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

9 de julio de 2007

Saludo muy queridos hermanos sacerdotes, religiosos (as) seminaristas y fieles laicos de nuestra amada Diócesis de Valle de Chalco. Nos encontramos reunidos en la casita de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, para darle gracias a Dios por el 4to. aniversario de la erección de nuestra Diócesis.

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?, palabras que pronunció Isabel cuando la virgen la visitó. La presencia de la Virgen María en la casa de Isabel, trajo gran alegría, quien llena de Espíritu Santo exclamó: "Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuando te fue anunciado de parte del Señor" (Lc 1, 44-45).

Como Isabel también podemos decir nosotros los mexicanos ¿Quiénes somos nosotros para que la madre de Nuestro Señor Jesucristo nos haya visitado en la montaña del Tepeyac? Y nos haya dejado su bendita imagen que podemos contemplar directamente en esta su casita sagrada; al contemplar su imagen podemos hablar directamente con María, experimentar su amor, su protección, su consuelo ante nuestros sufrimientos y problemas.

l.- María de Guadalupe, Madre de Dios y Madre nuestra.

En la primera lectura del libro del Eclesiástico escuchamos las siguientes palabras:"yo soy la madre del amor...Vengan a mí, ustedes, los que me aman... mis palabras son más dulces que la miel". En efecto, la Santísima Virgen María de Guadalupe se presenta como la madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, del Dios amor, le dice a Juan Diego: "sábelo, ten por cierto, hijo mío, el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas. El dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mis casita sagrada". (Nican Mopohua 26).

Pero también en la persona de Juan Diego con palabras dulces, maría se presenta como nuestra madre, en la que podemos encontrar ayuda y consuelo: "porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva. Tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mí. Porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. (Nican Mopohua 29-32). Cuando Juan Diego estaba afligido por la enfermedad de su tío Juan Bernardino, María le salió al encuentro y le confortó con estas hermosas palabras: "¿no estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿no estas bajo mi sombra y resguardo?, ¿no soy yo la fuente de tu alegría?, ¿no estás en el hueco de mi manto en el cruce de mis brazos?, ¿tienes necesidad de alguna otra cosa? (Nican Mopohua119).

2.- La señal que nos dejo Maria: su Imagen bendita

Cuando Juan Diego fue a visitar al Obispo Fray Juan de Zumárraga, para comunicarle el deseo de la virgen que le construyera una casita, el obispo pidió una señal: "para poder ser creído como a él lo enviaba la reina del cielo en persona" (Nican Mopohua78). ¡Que bien¡ que el obispo pidió una señal, porque gracias a ello, la Santísima Virgen nos dejó su bendita imagen, impresa en la tilma de Juan Diego, esta bendita imagen en sí misma es un milagro, no pintada por manos humanas, con extraordinaria belleza, que constituye un códice, un mensaje. Se trata de una imagen rodeada del sol, su manto lleno de estrellas, su vestido lleno de flores, la luna bajo sus pies; María nos trae a Cristo, el verdadero sol, que viene a iluminar nuestra vida, el dueño de toda la creación, del sol, de las estrellas, de la tierra, de la luna. Ella quiere una casita, donde todos experimentemos la fraternidad. En un mundo dividido por guerras discordia, odios, terrorismo, María viene a enseñamos que todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre y el Espíritu  Santo, va formando en cada uno de nosotros a Cristo, es el artífice de la unidad, de la comunión en la Iglesia. "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo nacido de una mujer...para hacemos hijos suyos… envió a sus corazones el Espíritu de su hijo que clama ¡Abbá! ¡Es decir, Padre¡" Gálatas (4,4-6).

3.- María modelo de fe

"Dichosa tú que has creído porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del

Señor" (Lc1,45). María es ejemplo y modelo de fe, de confianza total en Dios, para toda la Iglesia y para cada uno de nosotros.

4.- María alaba a Dios con el cántico del "Magnificat"

"Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava" (Lc 1,46-48). También nosotros hemos venido llenos de júbilo a proclamarlas grandezas que Dios ha hecho en nuestra Diócesis, durante los primeros 4 años de su existencia: Dios nos ha bendecido con 4 nuevos sacerdotes, varios seminaristas, religiosos (as), nuestro presbiterio y muchos laicos comprometidos, sentimos la protección de San Juan Diego, el mensajero de la Virgen, quien es patrono de nuestra Diócesis, y del Siervo de Dios Juan Pablo II, quien pisó tierra de Valle de Chalco y celebró la Eucaristía donde está actualmente nuestra Catedral.

Ponemos en las manos del Señor nuestro Plan Pastoral de renovación Diocesana, inspirados en el Vaticano II y en la espiritualidad de la comunión, como también la creación del seminario menor en nuestra Diócesis, y la misión evangelizadora que realizarán nuestros seminaristas en la parroquia de San Rafael en este verano. ''Puso sus ojos en la humildad de su esclava" (Lc 1,48).

María representa al pueblo pobre, sencillo, humilde, que no cuenta con riquezas materiales, pero que su gran riqueza es Dios y es el amor que lleva a los pobres a descubrir su grandeza, su gran dignidad y a unirse como hermanos. Dios es el gran defensor de los pobres, y la Iglesia fundada por Cristo, es la abogada de la justicia y defensora de los pobres, con su enseñanza social nos indica que el ser más preciado de la creación, es el ser humano (hombre y mujer) que tiene una gran dignidad como persona, cualquiera que sea su condición social, con derechos inalienables, que deben ser respetados por todos, entre los cuales el derecho fundamental, es el derecho a la vida, desde su concepción hasta la muerte natural y nada ni nadie puede privarlo de ella, además tiene derecho a una vida digna, al alimento, a la educación, a la salud, a un empleo digno.

La ciencia y la técnica no pueden estar al servicio del mercado, sino al servicio del ser humano. Tenemos que trabajar para crear la conciencia de que necesitamos una economía que sea incluyente y no excluyente, que produzca los bienes, y se distribuyan para todos. Infundir un gran respeto a la naturaleza, por lo tanto, a la ecología y al medioambiente. Devolverle su sentido noble a la política que consiste en organizar el bien común, no el bien de unos cuantos o de algunos grupos partidistas.

Todos los cristianos, como exigencia de nuestra fe estamos comprometidos en trabajar por hacer un mundo más justo y más humano, un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite el amor, la paz, la justicia, donde desaparezca toda clase de corrupción. Todos estos compromisos los ponemos en las manos de Dios por medio de nuestra madre Santísima de Guadalupe. Así sea.

 
 
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