¿Quién es mi Madre y quiénes son mis hermanos? Mt 12,48.
Con 127 años de vida en Cristo, la Diócesis de Tabasco viene
hoy en peregrinación a ésta Insigne y Nacional Basílica de Nuestra
Señora de Guadalupe: VIDA, DULZURA Y ESPERANZA NUESTRA. Don
Benjamín Castillo Plascencia, Obispo y Pastor de nuestras almas,
preside y anima en la fe la Comunidad Eclesial de Tabasco, así
como ésta solemne concelebración. Viene, desde las flacas y
fecundas tierras y las gruesas y abundantes aguas de Tabasco,
acompañado de los presbíteros, sus más cercanos colaboradores
en la fatiga y en el empeño por construir el Reino de Dios,
evangelizando aquella querida porción del rebaño de Cristo.
Vienen además, mujeres consagradas, hombres y mujeres del pueblo
de Dios que peregrinan en Tabasco y desde Tabasco a éste Santuario
de Vida y Amor. Con nosotros viene también Tabasco todo entero,
lo traemos en el corazón y en nuestra preocupación; lo traemos
a la celebración y a la oración; lo traemos con todos sus gozos
y esperanzas pero también con todos sus temores y angustias.
Venimos como Juan Diego Cuauhtlatoatzin, nuestro hermano mayor
en la fe, en el discipulado y en la prontitud y fidelidad del
misionero. Venimos como simples macehuales, como él, a este
lugar trascendente para todo mexicano y para todo creyente,
pues aquí, como dijera nuestro muy querido y recordado Siervo
de Dios Juan Pablo 11: Éste Tepeyac es el "Corazón mariano
de América", el "lugar tangible de encuentro",
el "auténtico cenáculo de comunión eclesial", la "experiencia
fraterna de encuentro con el Señor Resucitado, camino para la
conversión, la comunión y la solidaridad en América", "casa
maternal, paternal y fraternal de todos los Mexicanos"1.
El Evangelio de San Mateo (12, 46-50) que hemos escuchado hoy,
nos recuerda cómo debemos acudir a María quien nos acerca a
Jesús como Madre Nuestra, sí, pero también como Discípula Misionera
de Jesús, el Maestro. Tal vez nos parezca extraña una afirmación
de San Agustín sobre María en el sermón 25, hablando de la Madre
del Señor, dice a su comunidad: "En María es más importante
su condición de Discípula de Cristo que la de Madre de Cristo;
es más dichosa por ser Discípula de Cristo que por ser Madre
de Cristo".
En efecto, durante siglos con toda naturalidad, la insistencia
de la teología y de la devoción popular han estado en la maternidad
divina de María, con el peligro constante de elevarla cada vez
más y volverla inasequible a los ojos y a la praxis del pueblo
creyente. La visión del discipulado de María la acerca y la
humaniza plenamente y nos ayuda a comprender mejor que, como
creyente y como discípula de su propio Hijo, es para nosotros
un ejemplo sencillo y cercano a seguir. El discípulo vive en
una etapa importante de aprendizaje y una gran experiencia en
la escuela de Jesús su Maestro. La vida del discípulo se convierte
en camino y peregrinación.
1. Juan Pablo II. Homilía en la Basílica de Guadalupe el 23
de Enero de 1999 durante la Misa para la conclusión de la Asamblea
especial para América del Sínodo de los obispos. En la escuela de Jesús todos somos discípulos y nadie puede
graduarse como maestro de los hermanos. Por eso, toda la vida
del creyente es una peregrinación de fe, una búsqueda incesante,
un encuentro permanente, un gozo intenso por lo que se va viviendo
y descubriendo. En María sucede lo mismo. El Concilio Vaticano
II, desde hace cuarenta años, nos habló de María como peregrina
de la fe. Ella siempre avanzó en la peregrinación de la fe y
mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz, junto
a la cual se mantuvo firmemente de pie.
Redescubrir a María como discípula misionera del Evangelio
parece ser una aventura interesante y digna de ser vivida. Ojalá
todo el que venga aquí, a los pie de Nuestra Señora, llegue
a descubrirla discípula misionera de Jesús, y llegue a descubrirse
a sí mismo como discípulo misionero de Jesús también y como
tal regrese a su tierra.
El evangelista Mateo nos hace ver a María y a los parientes
más cercanos de Jesús, como convocados por Éste a formar parte
de su escuela, de su discipulado, como de una NUEVA FAMILIA.
Según San Mateo, la familia de Jesús viene a visitarlo. El hecho
de que la madre, los hermanos y hermanas permanezcan "afuera"
y lo manden llamar, no se debe a la afluencia de gente, sino
que es parte de un escenario ideado por Mateo para un mensaje
teológico.
En efecto, la indicación escénica distingue el "afuera"
(de pie esperando a Jesús) y el "adentro" (sentados
alrededor del maestro escuchándolo), y expresa un significado
simbólico: Jesús es el centro de una búsqueda interior, el centro
de una nueva familia. El acceso a Él exige pasar del "afuera"
al "adentro". La Madre y los parientes de Jesús están
de pie y desde afuera lo buscan y lo mandan llamar. Los discípulos,
en cambio, están sentados "adentro" a los pies de
Jesús, escuchando su palabra. La pregunta de Jesús ¿Quién
es mi madre y quiénes son mis hermanos? Es el centro
de la narración.
Ante la sorpresa de sus familiares, el Maestro mismo responde
a su propia pegunta, y con ella clarifica a donde debe llegar
quien lo busca: No quedarse "afuera", sino elegir
pasar "adentro" a la nueva y verdadera familia de
Jesús. Su palabra va acompañada de una mirada indicativa y del
gesto de su mano señalando a los que están sentados a su alrededor:
"Éstos son mi hermano, mi hermana y mi madre". Se
crea así una tensión entre los que están "afuera",
y los que están "adentro". Junto a Él, sus discípulos
son ahora su verdadera familia y, tanto María su Madre, como
los hermanos de Jesús, están invitados a ingresar en este nuevo
círculo, a sentarse a los pies del Maestro y comenzar una nueva
experiencia que los haga parte de la nueva familia del Señor
Jesús. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano,
mi hermana y mi madre, es decir habrá entrado "dentro"
de su nueva familia.
Desde el momento, hace 475 años, en que María de Guadalupe
vino a México y aquí se quiso quedar en el corazón de los mexicanos,
nos está diciendo que Ella se hizo discípula misionera de Jesús
para enseñarnos a nosotros a hacer lo mismo. María no es rechazada
por Jesús al no salir afuera a su llamado, de ningún modo, Ella
tuvo el privilegio de pertenecer a las dos familias, a la de
la sangre como su Madre y a la de la fe como discípula misionera.
Ella quiere enseñarnos la manera de ser discípulos misioneros
de su Hijo Jesucristo.
María de Guadalupe sabe muy bien que nadie puede exigir prerrogativas,
ni siquiera Ella por ser la Madre del Mesías. Todos estamos
llamados, como Ella a ser verdaderos oyentes de la Palabra del
Maestro y a ser obedientes y dóciles en cumplirla. Todos nosotros
somos llamados a ser auténticos discípulos de Jesús y misioneros
suyos para "Curar los corazones heridos, para gritar, en
medio de las plazas, que el Amor esta vivo, para sacar del sueño
a los que duermen y a liberar al cautivo”2. Para amar a todos
como hermanos.
Precisamente para esto hemos venimos hoy desde Tabasco a este
Santuario hermoso y siempre vivo. Aquí encontramos a la familia
de Jesús reunida entorno a la Madre y Discípula Misionera fiel.
Ésta es la razón de nuestro peregrinaje y de nuestra devoción:
Estábamos afuera y Jesús nos ha invitado a entrar, como entró
primero su Madre María, a sentarnos atentos y dispuestos a escuchar
su Palabra, como "la mejor parte que no nos será quitada"
(Cfr. Lc 10, 38). Si, Virgencita Morena, eres sin duda Nuestra Buena Madre, Madre
de Jesús. Pero eres también la primera discípula, la más humilde
oyente de Dios, el modelo de mensajera, mujer misionera de Jesús.
Te pedimos de todo corazón: Enséñanos a ser hijos, ya que tú
sabes ser Madre. Ayúdanos a ser oyentes de la Palabra, tu que
por ella fuiste sierva del Señor. Enséñanos a ser discípulos
misioneros de Jesús, tu que supiste aplicarte en su escuela.
En fin, enséñanos a ser humildes como tú y obedecer al Señor
antes que a nadie.
Venimos a ésta tu casa como hijos y nos queremos volver a nuestro
querido Tabasco como discípulos misioneros de tu Hijo Jesús.
Te confiamos María Santísima a Tabasco, sus profundas aspiraciones
y sus grandes y numerosas aflicciones.
Ponemos en tus manos a todas las mujeres tabasqueñas, consagradas,
madres, hijas, hermanas, solteras y casadas, viudas y divorciadas,
libres y encarceladas, sanas y enfermas, jóvenes y ancianas,
te necesitan, Señora, anímalas, fortalécelas, dignifícalas.
Ponemos en tu corazón a nuestro obispo, pastor, hermano mayor
y padre y a los presbíteros que participan del único sacerdocio
de tu Hijo, haznos sentir tu ternura y tu cercanía en nuestras
soledades y en nuestras debilidades, recuérdanos los orígenes
de nuestra vocación y nuestra primera decisión para consagrarnos
a la casa de Jesús tu Hijo.
Ponemos en tu vientre bendito a nuestros niños, jóvenes, ancianos
y enfermos, todos necesitan de tus cuidados, de tu pedagogía
maternal y de tu aliento. Ponemos a tus pies el mapa geográfico
de Tabasco con sus bellezas y sus vergüenzas, con sus logros
y sus fracasos, con su historia, sus proyectos sociales, pastorales,
familiares y personales. Nos ponemos ante ti, Querida Madre Nuestra de Guadalupe, llévanos
a tu Hijo y Maestro. Somos una Diócesis que busca y necesita
la madurez, la comunión, la mutua ayuda solidaria, el perdón
y la paz. Nos urge poner a Tabasco en estado permanente de Misión,
y nos apremia promover y formar discípulos misioneros, como
fruto del Encuentro con Jesús, tu Hijo.
Virgen Santísima de Guadalupe: madura nuestra fe y salva nuestra
Patria. Amén.
2 Himno de la Liturgia de las horas.