Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada por el Padre José López Gaona,
Vicario Parroquial de la Diócesis de Apatzingan en la misa
presidida por el Padre Rafael Galindo, encargado de la Adoración
Nocturna, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis
de Apatzingan a la Basílica de Guadalupe.
23
de enero de 2008
Me acerco a ustedes para explicar
esta Palabra de Dios, que el Señor nos transmite en esta
mañana. Quiero, también, transmitirles un saludo de
nuestro Sr. Obispo Don Miguel y de todos nuestros hermanos sacerdotes,
que por diferentes trabajos tienen que quedarse en sus parroquias;
sin embargo, en nuestra representación, un saludo para todos
ustedes.
Hermanos, ahora que estamos a los
pies de nuestra Madre Santísima, creo yo que tanto para ustedes,
como para nosotros sacerdotes, es un gusto, es un gusto celebrar
con nuestra Madre Santa nuestra fe.
Hoy en esta mañana reflexionaba
la manera como Dios se va manifestando en la vida del hombre y siempre
Dios nos va dejando claro que para Él no hay imposibles,
no le fue imposible, por ejemplo, que una mujer estéril diera
a luz un hijo, como fue Ana que dio a luz a Samuel; no le fue imposible
que este hombre, David, rey del pueblo de Israel, joven, pudiera
vencer a un hombre adiestrado en la guerra como lo era Goliat. Es
decir, Dios se va manifestando a través de estos personajes,
para que nosotros vayamos creyendo en Él. Y es nuestra fe
la que nos mueve en realidad a estar con nuestro Dios.
El mismo Jesús va demostrando
en su vida pública, en su misión adquirida después
del bautismo, los milagros que va realizando, porque Él no
vino hacer su voluntad, sino la voluntad de Dios. Y esa voluntad
de Dios es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad y ojala que todos tengamos esa dicha de conocer a Dios,
de verlo cara a cara, porque ha eso estamos llamados todos, todos
los cristianos bautizados, tenemos ese llamado.
Sin embargo, vemos como todos los
fariseos aferrados a sus leyes quieren que la obra de Dios se venga
a bajo, impiden, son un obstáculo, sin embargo, el mismo
Jesús viene a demostrar lo mismo que su Padre Celestial no
hay imposibles. ¿Por qué? porque el sábado
no puede ser el centro de nuestras vidas, el centro de nuestras
vidas es el Padre Celestial. Y es sorprendente la pregunta que hace
el Señor, la estaba reflexionando, la manera como cuestiona
las cosas: ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado
o hay que dejarlo morir? ¿qué hay que hacer? Pues,
hay que salvarle la vida, y para eso estamos nosotros aquí,
hermanos, ¿queremos salvarnos o díganme quién
de ustedes no quiere salvarse? Todos queremos salvarnos.
Y nosotros hoy a los pies de nuestra
Madre Santísima le hemos hecho esta súplica, todos
ustedes junto con nosotros le hemos ya manifestado nuestras necesidades
a nuestra Madre; ¿quién de ustedes no le trajo al
menos una necesidad a nuestra Madre Santísima? Y con ello
le estamos pidiendo no solamente que nos salvemos nosotros, sino
a toda la humanidad, nuestra familia.
Pues, hermanos, que esa misma fe,
que nos movió a venir hasta aquí, con toda esta travesía
que tuvimos que hacer durante la noche nos siga moviendo a estar
en esa búsqueda del Señor. La búsqueda no termina,
la búsqueda hay que hacerla diaria, porque el Señor
a diario nos está hablando y manifestando su voluntad.
Pues, vamos a continuar y que nuestra
Madre Santísima interceda por cada uno de nosotros.