InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 

Homilía
pronunciada por Mons. Marcelino Hernández Rodríguez, Obispo de la Diócesis de Orizaba, Veracruz, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

4 de junio de 2008

Muy queridos hermanos:

Dios nos concede regresar a los pies de Nuestra Señora, la Morenita, nuestra Madre y consoladora. Yo estoy muy contento, mis hermanos, porque me ha hecho el regalo de conocerlos a ustedes y ser ahora su pastor. El año pasado despedían a Mons. Polo, lo ponían en sus manos para que lo acompañara en su nueva misión en Xalapa. Hoy les pido que rueguen a Nuestra Señora que me ilumine y oriente para cumplir, también yo, la nueva misión que nuestro Dios me encomienda en Orizaba, entre ustedes. A Monseñor Hipólito y a Monseñor Sergio los recordamos con cariño porque les debemos mucho y los ponemos nuevamente entre sus manos para que Ella los cuide y acompañe en su trabajo apostólico en Xalapa

Además, cada quien traemos, sin duda alguna muchas cosas que pedirle, que agradecerle, traemos de seguro también, encomiendas de nuestros hermanos que no pudieron venir; y nosotros los representamos; y les prometimos pedir por ellos, tengámoslos presentes.

La semana que entra celebramos el 8° aniversario de la creación de la Diócesis de Orizaba y la Ordenación de su primer obispo, Don Hipólito; es uno de los motivos por los que venimos a darle gracias.

Tenemos varias cosas muy importantes que le queremos encomendar y yo me estoy haciendo portador. Les suplico que se unan a mi intención: las vocaciones sacerdotales y religiosas; somos pocos los sacerdotes quienes los atendemos. Algunos ya están mayores, otros enfermos, y los sanos o jóvenes con muchas comunidades que atender. Necesitamos que muchos jóvenes sean llamados por Dios al servicio de su Iglesia, y Santa María de Guadalupe, nuestra madre, es especial para las vocaciones.

Hace diez años en este mismo lugar, aquí a sus plantas fui ordenado obispo y siempre siento su maternal protección, estoy seguro que también ustedes, por eso están aquí. Pidámosle también por nuestro Seminario: por los muchachos que ya han respondido al llamado de Cristo, a seguirlo; y que se están preparando con mucho empeño para ser sacerdotes. Mañana se van a misiones, a anunciar la palabra de Dios a sus hermanos. Pongamos su apostolado también en manos de María.

Muy unida a estas intenciones queremos pedirle a Nuestra Señora por la construcción del Nuevo Seminario Mayor. Queremos iniciar cuanto antes, pidámosle a la Morenita que nos llene de entusiasmo y nos proporcione los recursos materiales, moviendo el corazón de quienes nos pueden ayudar con los dones que Dios les ha dado, Dios mediante comenzaremos con el año Paulino o sea el día veintiocho de este mes. Dios nos socorra por medio su Madre, nuestra Madre, la Niña del Tepeyac.

Pero también traemos nuestras ofrendas, representadas en nuestros dones: le ofrecemos a Cristo, por medio de María, el trabajo que con tanto esfuerzo hacen nuestros hermanos de los seis decanatos; de Orizaba y Fabril, de Zongolica y Tequila, de Iztacxoquitlán y Maltrata. También le ofrecemos el trabajo de nuestros consejos, y equipos, de los movimientos y asociaciones. Ella conoce las preocupaciones y angustias que este trabajo supone, ella sabe lo que calladamente ustedes hacen por Dios y le ofrecen con toda limpieza de corazón.

Todo esto le presentamos con humildad y cariño, unido al sufrimiento de nuestros hermanos enfermos que no nos han podido acompañar, pero que están unidos en oración con nosotros, al trabajo esforzado de nuestros hermanos indígenas y al de quienes por ellos ofrecen su vida.

Que estas expresiones sirvan para tener en nuestras manos el corazón y a la vez que le contamos lo que nos duele y le ofrecemos el cariño de hijos, recibamos sus bendiciones y sus consuelos.

La palabra de Dios que escuchamos nos lleva necesariamente a fortalecer nuestra fe, porque al venir aquí a la "Casita" de nuestra madre, donde Ella derrama su amor y su ternura en nosotros sus hijos se cumple la promesa de nuestro Dios por medio de Ella, de hacerse presente y acompañarnos, escuchar nuestras penas y dolores.

Se cumple la señal anunciada por el profeta Isaías a la Casa de David, a los Israelitas, al pueblo de Dios, al pueblo judío, nuestros antepasados, al pueblo que nos cuenta la Biblia en el Antiguo Testamento: lila virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir "Dios con nosotros".

Por eso peregrinamos y venimos a la casa de Dios, donde nos reúne nuestra Señora, la que nos trajo a Jesús, nuestro Salvador, el Dios con nosotros. Venimos con María porque sabemos que Ella nos llevará a Jesús, esa es su tarea, la que Dios le  puso la que le encargó Jesús en la cruz cuando le dijo: “ahí está tu hijo", o sea nosotros; y Nuestra Madre Santísima ha cumplido muy bien ese encargo, ha sido nuestra Madre cuidadosa, aunque a veces no seamos nosotros lo hijos ejemplares ni le hagamos mucho caso a sus palabras.

También hemos venido a visitarla porque ella nos enseña; y hoy lo escuchamos en el Evangelio: a visitar a nuestros hermanos, como ella visitó a su prima, para contarles lo bueno que ha sido Dios con nosotros, cómo hace maravillas; por ejemplo perdonando nuestros pecados, dándonos a comer su cuerpo, asistiéndonos con su divina Providencia, dándonos oportunidades, como el día de hoy de enderezar nuestros caminos y tomar consciencia de lo que debemos hacer; y de lo que debemos evitar porque daña a nuestros hermanos, o nos quita la posibilidad de conseguir el premio de su Reino que nos tiene prometido.

Esto es lo que contaremos a nuestros hermanos que no vinieron, les llevaremos el mensaje de esperanza y alegría, animaremos la fe, también a ellos y Dios y María serán honrados por nosotros y por ellos. Así estaremos aprendiendo a ser discípulos y misioneros en nuestra diócesis, en nuestra patria, y en América. Daremos testimonio "para que el mundo tenga vida."

Morenita, Madre Nuestra, recibe la ofrenda que hoy te traemos con sencillez y cariño, recibe también nuestra acción de gracias por todo lo que nos das y lo que nos consigues de tu Hijo, Nuestro Señor. Concédenos el remedio de nuestras necesidades, cura nuestras dolencias, bendice nuestros hogares. Que no falte la salud y el trabajo en nuestro pueblo, que convivamos como hermanos y un día, cuando Dios quiera, podamos reunirnos contigo en el cielo donde sabemos que nos tienes nuestro lugar. Acompáñanos de regreso y concédenos volver el año que entra, para mirarte y hacerte nuevamente nuestra oración.

Que así sea.
 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior