Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada
por Mons. Alfonso Garza Treviño, Obispo de la Diócesis
de Piedras Negras, Coahuila, en ocasión de la peregrinación
de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.
15 de julio de 2008
Es hoy un día muy especial para nuestra querida Diócesis de
Piedras Negras, porque además de realizar nuestra peregrinación
anual a la casa de nuestra Madre del Cielo, que es la casa de todos
nosotros, nos llevaremos de aquí el regalo de dos nuevos sacerdotes
para servir en nuestra comunidad diocesana. Por eso les invito en
este momento a una reflexión sencilla y sincera que una la persona
de la Santísima Virgen de Guadalupe con todos nosotros y de manera
especial con quienes hoy reciben el ministerio sacerdotal.
Les invito a ustedes, queridos diáconos que pronto serán padre
Evaristo y padre Jerry, a ustedes queridos laicos, que nos acompañan
de tantos lugares, a ustedes queridos sacerdotes y queridos seminaristas
presentes en esta celebración. Les invito hacer junto con su servidor
esta reflexión, vamos a pensar un momento en la Virgen María presente
en los inicios, en los comienzos, fijémonos, como María está presente
desde el comienzo de la humanidad. Muchísimos siglos antes de su
existencia en la tierra, ya está presente en la mente de Dios.
Y todos recordamos, como después del pecado original, Dios
anuncia la presencia de una mujer, que después sabríamos que se
refería a Ella. Cuando le dice al demonio presente en la serpiente,
pondré enemistada entre ti y la mujer. Ahí desde ese principio,
desde ese inicio ya está presente María. Y cómo comienza, mis hermanos,
¿Cómo comienza el Hijo de Dios su encarnación? Precisamente en el
seno purísimo de la Santísima Virgen María. ¿Cómo comienzan los
milagros de Cristo? Por la intercesión de María. ¿Cómo da inicio
el momento hermosísimo de la redención? Con la Santísima Virgen
María al pie de la cruz. Y el comienzo de la nueva vida de Cristo
en su resurrección es también con la presencia de María. Así, exactamente,
así continúa la vida y la historia de la Iglesia. Habiendo recibido
el apóstol Juan la encomienda de atender a la Madre de Cristo, a
partir de ese momento, Madre de Él y de todos nosotros, comienzan
los apóstoles su ministerio con Ella presente desde la venida del
Espíritu Santo en Pentecostés.
La
Iglesia, nuestra Iglesia Católica de la que nosotros formamos parte
da inicio con María, y pudiésemos señalar a lo largo de estos casi
dos mil años de la historia de la Iglesia, tantos inicios con María.
Pero, vayamos a dos de ellos en nuestra patria.
El inicio de la evangelización aquí en nuestra nación, que
es con la presencia de María, precisamente en su advocación de nuestra
Señora de Guadalupe. Ahí está diciéndole a san Juan Diego, y en
la persona de él, a todos y a cada uno de nosotros: ¿No estoy
yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi amparo, bajo
mi protección y en mi regazo? Es María en el inicio de la evangelización
en nuestra patria la que abre el camino a Cristo. Y es María, también,
la que en su estandarte inicia aquel movimiento de independencia,
como signo de la independencia de la libertad que quiere que tengamos
todos los mexicanos y todos sus hijos. Esta misma María presente
en la Iglesia, presente en nuestra patria, estuvo en el inicio,
en el nacimiento de nuestra Diócesis de Piedras Negras. Nuestra
diócesis nació un 25 de marzo, día en que festejamos la Anunciación
del Ángel Gabriel a la Santísima Virgen y bajo su advocación iniciamos,
también, nuestro caminar como iglesia particular. Contemplando así
en una mirada rápida, como María está en los comienzos de tantas
cosas importantes.
Hoy, te invito a ti, aquí presente, a que inicies algo nuevo
con María, tú en tu persona que tienes deseo de que comience en
ti aquello que tanto anhelas, aprovecha que este día que estás aquí
presente, en su Basílica, y dile: María ven conmigo en esto nuevo
que yo quiero comenzar. Ven María con mi padre, con mi hijo, con
mi hija, con mi esposa, con mi hermano, con mi amigo. Ven para que
inicie en esto nuevo, que ellos deben comenzar. Ven María con mi
párroco, con mi comunidad, con mis hermanos de la parroquia ahora
que queremos iniciar esto nuevo y nuestros proyectos pastorales.
Ven María a nosotros los que siempre queremos renovarnos, porque
estamos siguiendo la meta de ser perfectos, como el Señor nos pide
ser, como el Padre Celestial es perfecto. Ven ayúdanos en este caminar
en algo nuevo, en algo que inicie, en algo que nazca.
No te vayas de esta Basílica sin ese ofrecimiento y esa petición
a María. Te ofrezco que nazca esto nuevo en mí y te pido que me
ayudes a obtenerlo. Si en ti inició el mismo Hijo de Dios hecho
Hombre, como tal. Si en ti han iniciado tantas cosas a lo largo
de la historia, que contigo inicié en nosotros esto nuevo que Dios
quiere y que nosotros también queremos. Inícialo, iniciémoslo con
la Santísima Virgen y si cada uno de nosotros puede iniciar algo
nuevo con Ella, de manera especial ustedes dos Jerry y Evaristo
hoy inician con Ella y ante Ella su ministerio sacerdotal, ustedes
son un signo vivo para todos los que estamos aquí en el presbiterio
y en toda la Basílica son un signo vivo de cómo cosas grandes pueden
comenzar con María.
Me llena de tanta felicidad y tanto gozo el que ustedes comiencen
su sacerdocio, aquí precisamente, ante Ella, donde tantos milagros
y tantas cosas nuevas han iniciado. Nazcan hoy con María, crezcan
durante su ministerio al amparo de Ella, como creció Jesús. Imagínate
Jerry, imagínate Evaristo, a Jesús preguntándole a María, en los
primeros años de su vida, las cosas más elementales de la vida.
Así con esa sencillez del niño que es el que entra al Reino, así
pregúntale tú también a María de las cosas más sencillas del ministerio
sacerdotal, de tu primer ministerio que se te encomienda en determinada
comunidad. Acércate a Ella con la confianza de Jesús, con la confianza
del hijo a su mamá. Trabaja con María, como Jesús, también, aprendió
al lado de José el oficio del carpintero, ustedes aprenderán al
lado de algunos hermanos sacerdotes el oficio del presbítero, pero
con María ahí presente, que marcará la diferencia.
Habrá, sin lugar a dudas, durante su ministerio sacerdotal
momentos de dificultad de prueba, de sufrimiento. En ningún momento
de la formación del seminario se les ha dicho que sea fácil el camino
del sacerdote. En esos momentos difíciles acuérdense que la que
estuvo presente el día que nacieron como sacerdotes, también, ahí
está diciéndote: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Y en
esos momentos de dificultad o quizá de crisis o de sufrimiento acérquense
a Ella, que como buena Madre les hablará con su corazón y le dará
siempre el mejor consejo, en una palabra vivan con María todo su
ministerio, para que al final cuando el Señor les llame a recibir
la corona, también, al igual que Jesús, esté María a su lado acompañándoles
en ese momento.
Esta es nuestra petición en este día de su ordenación. La petición
de todos los fieles de nuestra diócesis, de nuestros seminaristas,
de nuestros sacerdotes y la petición de su obispo a Dios por medio
de María que este ministerio de hoy en Ella comienza, en Ella siga
y en Ella, también, consiga su plenitud. Junto a esto nos unimos,
también, para pedir la intercesión de tu mamá Evaristo, de Fidencia,
la intercesión de tus papás Jerry, Jorge y María, para que ellos
si físicamente no nos acompañan aquí, desde el cielo, contemplen
este hermoso momento en que el hijo que engendraron es ordenado
sacerdote y consigan del Señor toda clase de dones y de bendiciones
para ustedes.
E invito a todos para que vivamos con profunda fe y sincera
emoción este momento de la ordenación sacerdotal.