16 de Marzo de 2009
Estimados
hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas
y hermanos todos en el Señor. Con la gracia de Dios hemos
llegado nuevamente a la casa de nuestra Santa Madre María
de Guadalupe aquí en el Tepeyac, para darle gracias por
todo el cuidado que ha tenido para cada uno de nosotros
y de nuestra Diócesis de Tlapa que peregrina en la montaña
de Guerrero.
Hermanas
y hermanos, saludamos a Santa María con fe y con esperanza.
¡Qué viva Santa María de Guadalupe! ¡Qué viva Santa María
de Guadalupe! ¡Qué viva nuestra Diócesis de Tlapa!
Queridos
hermanos y hermanas, hemos llegado aquí en peregrinación.
Algunos de ustedes han hecho un gran esfuerzo, han caminado
durante una semana para llegar aquí al Tepeyac. Peregrinar
significa estar en movimiento, partir de un lugar con la
esperanza de llegar a otro, para esto hay que pasar fatigas,
dolores, tristezas, hay que hacer esfuerzos, como creyentes
encomendarnos a Dios al momento de la salida y dar gracias
al momento de la llegada. Ustedes lo saben bien, así peregrinamos
en la montaña, cuando visitamos familiares, cuando asistimos
a las fiestas, cuando vamos a las asambleas o bien cuando
participamos en alguna de nuestras hermosas celebraciones
religiosas.
Hermanas
y hermanos, nuestra vida de fe es precisamente un peregrinar
donde estamos en movimiento hacia la Casa del Padre, en
este peregrinar, experimentamos también fatigas, dolores,
tristezas, tenemos que hacer esfuerzos, encomendarnos a
Dios, pero nos alienta la gozosa esperanza de la llegada.
Cada
año peregrinamos al Tepeyac a la Casa de la Madre del Verdadero
Dios por quien se vive, para suplicarle su bendición, su
protección ante nuestras fatigas, dolores, tristezas, a
pedirle interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo por
el perdón de nuestros pecados tanto personales, como comunitarios.
A
Ella, a María, le venimos a ofrecer nuestra vida, nuestras
flores y cantos, porque a Ella siendo la Madre de Dios,
a Ella la veneramos con sincera devoción ya que Ella, nos
conduce a su Hijo Jesucristo, quien es nuestro Dios y Señor,
nuestra luz, nuestro guía, nuestro Maestro, nuestra verdad,
nuestra vida. Nosotros proclamamos en la montaña, como hoy
hemos proclamado aquí en el Tepeyac ¡Estamos sedientos del
Dios que da la vida!
A
Ella venimos a ofrecerle nuestro peregrinar como Diócesis,
a darle gracias por habemos permitido iniciar la revisión
de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, que nos esta exigiendo
inicialmente en un marco de oración, una reflexión y análisis
de la realidad que vivimos en la montaña, para reconocer
los desafíos que debemos enfrentar en nuestra labor pastoral
y así poder responderle a Jesús, quien nos ha llamado a
colaborar con Él con acciones evangélicas realizadas con
responsabilidad.
A
Ella venimos a ofrecerle nuestra acción de gracias, por
interceder ante su Hijo, por la santificación de los sacerdotes
de nuestra Diócesis de Tlapa, que desgastan su vida por
seguir a Jesucristo en el servicio de la proclamación del
Reino, pidiéndole nos permita tener una profunda experiencia
de Dios, que no seamos recios a su Palabra, que la Eucaristía
sea el centro de nuestra vida y nos ayude a configuramos
con el corazón de su Hijo Buen Pastor, que escuchemos las
necesidades de los más pobres y nos comprometamos en la
defensa de los derechos humanos.
A
Ella venimos a ofrecerle nuestra acción de gracias por nuestro
Seminario, que gracias a Dios en este año termina la primera
generación de alumnos formada completamente en él, y le
pedimos colme de gracia y bendición a sus integrantes, al
Equipo Formador para que estén abiertos a las inspiraciones
del Espíritu y puedan formar en los jóvenes las cualidades
de Cristo Buen Pastor, y por nuestros hermanos seminaristas,
para crezcan en gracia y sabiduría.
A
Ella venimos a ofrecerle nuestra acción de gracias, por
el testimonio y la entrega de hermanas y hermanos nuestros
en la vida consagrada y laical, que quieren ser santos,
que viven con radicalidad el evangelio ofreciendo su vida
por Cristo, por la Iglesia y por sus comunidades, pidiéndole
los santifique y los proteja de todo mal.
Hoy
al escuchar las Palabras del Señor en el Evangelio de San
Lucas, (4,24 -30) tomamos nuevamente conciencia de que Jesús,
no ha sido enviado solamente a los judíos, Él ha sido enviado
también a nosotros para mostramos el camino que conduce
al Padre, por eso deseamos hacer el compromiso desde aquí
en el Tepeyac, de hacer nuevos esfuerzos pastorales en nuestra
Diócesis de Tlapa, que se encuentren orientados como nos
pide la misma Iglesia desde Aparecida, hacia un encuentro
profundo con Jesucristo vivo.
Sin
pretender hacer un análisis habría que señalar como una
de las causas principales que nos piden hacer nuevos esfuerzos
pastorales, el debilitamiento y en algunos casos la pérdida
de nuestros valores fundamentalmente religiosos como también
culturales, sociales y la presencia de la violencia auspiciada
por el narcotráfico entre nuestros pueblos Nahuatls, Mixtecos,
Tlapanecos y Meztizos de la montaña, que buscan defenderse
ante el embate de una cultura postmoderna que deja de lado
el Evangelio.
Cuanta
razón tiene la Iglesia cuando desde Aparecida afirma que:
"La naturaleza misma del cristianismo consiste, por
lo tanto, en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo.
Esta fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos
que, encontrado a Jesús, quedaron fascinados y llenos de
estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante
el modo como los trataba, correspondiendo al hambre y ser
de vida que había en sus corazones". (DA 244)
Aparecida,
nos recuerda que el sujeto de la Evangelización, que realiza
la promoción de la persona, que genera una cultura cristiana,
que hace real la opción preferencial por los pobres, que
suscita vocaciones, que hace vivir a una comunidad es el
discípulo misionero, que tiene un encuentro con Jesucristo
vivo.
Un
encuentro, que no puede ser de prisa, ni poco profundo como
estamos muchos de nosotros acostumbrados por nuestro activismo,
se trata de buscar las formas que propicien un encuentro
tan personal y comunitario con Jesucristo, que impacte,
conmueva, renueve, a quienes estamos dispuestos a acercamos
a su persona y por lo tanto a su misión, un encuentro que
parta de escucharlo y por lo tanto conocerlo y amarlo, de
vivirlo en los sacramentos y de proclamarlo con nuestra
vida.
Hermanas
y hermanos que la Presencia del Señor Jesús, su amor y misericordia
que se hacen presentes en esta Celebración Eucarística,
fortalezcan el peregrinar de nuestra Diócesis de Tlapa,
y que Santa María de Guadalupe nos tome en sus manos, para
protegemos y bendecimos.
Por
la Gracia de Dios y de la Santa Sede.
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Declaración
de la Misión |
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