11 de noviembre de 2009
Muy estimados hermanos sacerdotes,
religiosas, hermanas y hermanos, todos.
Aquí, a este lugar llegan gentes
de las diversas partes del país y del extranjero trayendo a la Madre
su vida con sus luces y sus sombras, sus ilusiones y preocupaciones,
con todas sus historias, con sus crudas realidades. Aquí llegan los
pueblos indígenas de las distintas etnias, la gente pobre de México
y América que quieren como el indito santo Juan Diego abandonarse
en los brazos de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, para pedirle
que remedie tantas necesidades. Los peregrinos aquí alimentan su fe
y su vida espiritual.
Madre de Guadalupe, tus hijos
de Tierra Caliente y la Sierra de Michoacán, al sur del Cerro de Tancítaro,
venimos a saludarte. Y te presentamos, en los aquí reunidos, nuestras
familias para que las bendigas, las ayudes a vivir su vida cristiana.
No permitas que ninguno de los que integran la familia sean esclavos
del vicio, de la droga, del sexo, del pecado, del alcohol. Que la
codicia no doblegue y corrompa la voluntad de tus hijos, alcánzanos
de tu Hijo el perdón. Cambia nuestro corazón, para que no sucumbamos
ante la maldad e inyéctanos ánimo y ganas de vivir. Pisamos el barro
pero nadie nos impide levantar los ojos al cielo.
Es una gracia para todo el
pueblo de Dios que el Santo Padre Benedicto XVI haya tomado la iniciativa
del Año Sacerdotal, de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús desde
el 2009 a la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús del 2010, con motivo
del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars., san Juan
María Vianey, y lo propone como modelo de intercesor para todos los
sacerdotes.
El Papa nos invita a promover
el esfuerzo de renovación interior de los sacerdotes y que su testimonio
evangélico sea más fuerte y eficaz en el mundo de hoy. El tema del
Año Sacerdotal: Fidelidad de Cristo, Fidelidad del sacerdote, invita
a los sacerdotes a centrar la mirada en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote
y a ejercitarse en actitudes fundamentales, que son un ir continuo
a Él. Lo que exige estar con Él, para aprender de Él, ya que no pueden
olvidar que llevan un tesoro en vasos de barro.
Estamos viviendo un tiempo
de crisis, de cuestionamiento, de descalificaciones, de puesta en
duda del sentido de nuestra vocación y del valor de nuestro ministerio
pastoral, debido a la secularización y al relativismo reinantes que
nos impiden mirar a lo alto, tender hacía lo trascendente y poner
sólo en Dios, nuestra recompensa y felicidad.
Los sacerdotes son los principales
colaboradores de los obispos, son la parte de la parcela más importante,
que Dios le ha encomendado. Los sacerdotes para los obispos son su
familia, con ellos se cansan y con ellos descansan. Pues, llevan el
peso del trabajo de cada día. Con alegría y con profunda esperanza
damos gracias por el don del sacerdocio, damos gracias por tantos
sacerdotes ejemplares que han dejado huella en nuestras comunidades
y en nuestra vocación. Damos gracias por cada uno de los sacerdotes,
que son un don de Dios para la Iglesia y para el mundo. Damos gracias
a Dios por el gran cariño y respeto que nuestro pueblo cristiano siente
por sus sacerdotes. Lo que supera el peso de las críticas y ataques
que se han al sacerdote y a la Iglesia a veces con motivo y muchas
veces sin razón. Esto estimula a los sacerdotes para corresponder
con una entrega más alegre generosa, coherente y desinteresada.
Madre te pedimos, que en nuestros
sacerdotes brille la belleza de la gracia divina. Te pedimos, que
revivan y amen el don del sacerdocio, que Dios les ha regalado, que
le obispo y nuestros sacerdotes crezcan en santidad. Que los sacerdotes
sean barro en las manos de Dios. Has fecunda la labor de todos nuestros
sacerdotes. Fortalece la relación y la comunión entre los sacerdotes
entre sí con el obispo, da a nuestros sacerdotes salud física y espiritual.
Ayuda a los sacerdotes que están en problemas. Que los sacerdotes
crezcan en intimidad con el Señor y fortalezcan la fraternidad sacerdotal
y la ayuda mutua. Que cada sacerdote sea valorado y considerado por
los otros sacerdotes como parte de sí mismos. Que nuestros sacerdotes
estén dispuestos a dar testimonio de que el Señor los ha conquistado
plenamente.
A todos los que participan
en esta peregrinación de la Diócesis de Apatzingan, que se han confesado
y que asistan a la Santa Misa y ofrezcan por los sacerdotes de la
Iglesia oraciones a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, igual que
obra buena cumplida se les conceda indulgencia plenaria, siempre que
se haya confesado sacramentalmente y recen por las intenciones del
Papa.
Concluimos con las palabras
que escuchamos del Evangelio, que dijo María allá en Caná de Galilea
y que nos sigue diciendo ahora a cada uno de nosotros con referencia
a Cristo, hagan lo que Él les diga.