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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Alejo Zavala Castro, Obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

9 de febrero de 2010

Para la diócesis de Chilpancingo- Chilapa es una gracia muy especial, es un privilegio, el estar hoy postrados ante la Bendita imagen de la Guadalupana, quien desde el cielo una hermosa mañana bajó al Tepeyac. Por eso hemos cantado fervorosamente con el salmista “qué agradable Señor es tu morada”.

Excmo Sr. Don Salvador Martínez, su presencia nos hace sentir muy a gusto sabiendo que tiene un cariño muy grande por nuestra Diócesis, muchas gracias.

Hermanos sacerdotes que buscan ante la Virgen una superación en el servicio al pueblo de Dios y a través de la formación permanente.

Muy estimadas religiosas, seminaristas, y ustedes muy queridísimos laicos que desempeñan un papel importantísimo en la vida de la Iglesia.  

Esta peregrinación diocesana ocurre dentro de este tiempo de jubileo ya que nuestra Diócesis cumplirá 150 años en el año 2012. Fue fundada por S.S. Pío XI, el 26 de enero de 1862 con la bula Grave Nimis. Esta Diócesis, unida a nuestra Patria, quiere también celebrar ante Dios y ante la Virgen, el Bicentenario de la independencia, Centenario de la Revolución, ya que nuestra Diócesis, nuestro estado, tuvo una participación muy activa en estos dos eventos. Queremos presentar a la Virgen de Guadalupe, los objetivos para este tiempo de Jubileo. Creemos que se pueden resumir en dos principales: Primero, Gratitud; Segundo, Compromiso.

GRATITUD

Cómo no agradecer a Dios las gracias que ha derramado a través de estos años sobre esas tierras del sur del estado de Guerrero; por medio de esas gracias se han producido frutos abundantes. Hace ya 51 años, el Papa fundó la Arquidiócesis de Acapulco. La Diócesis de Ciudad Altamirano tiene ya 45 años. Ciudad Lázaro Cárdenas, cumplirá 25 y Tlapa alcanzó ya los 17. En estas diócesis se ha cultivado la fe en Dios, el amor a María de Guadalupe, la Madre del Dios por quien se vive.

Tenemos que recordar y también agradecer, a miles de personas que han peregrinado por estas tierras del sur cultivando a través de la evangelización, la fe que nos han dejado nuestros antepasados. Muchos sacerdotes, religiosos, misioneros, religiosas, laicos. De ellos solamente menciono a algunos, como sobresalientes.

Venerable Siervo de Dios Monseñor Ramón Ibarra y González; Siervo de Dios Leopoldo Díaz Escudero; la causa para la beatificación de los dos ya está introducida en Roma. Menciono también a San David Uribe Velasco, que nació en Buenavista de Cuéllar el 29 de noviembre de 1888, y alcanzó la palma del martirio el 11 de abril de 1927.

San Margarito Flores García, nació en Taxco el 22 de febrero de 1899 y fue martirizado a las 11 de la mañana del día 12 de noviembre de 1927 en Tulipán, Guerrero. De ellos y de muchos otros, nuestra Diócesis se siente agradecida por sus testimonios de amor a la Iglesia y de amor a nuestra diócesis. Sin embargo creemos que según las realidades que vivimos ahora actualmente, que son de valores, de crisis de valores humanos y cristianos, no es suficiente la gratitud, estamos seguros que se requiere un compromiso de nuestra parte de tal manera que nuestros pueblos en Jesucristo tengan vida.

Precisamente a esto quiere responder nuestro Plan Diocesano de Pastoral.  

COMPROMISO

Ya en nuestra Diócesis somos concientes que Dios llamó a muchos sacerdotes, religiosas, laicos, en diferentes tiempos y lugares, para conservar y alimentar la fe. Sabemos que también que lo hicieron en circunstancias sumamente difíciles, por razones geográficas, económicas, de persecuciones.  A ellos les recordamos con mucha gratitud.

Ahora nos toca a nosotros el llamado de Jesús, tenemos un compromiso. Este compromiso es una pastoral cada día mejor y esta pastoral enfrenta en estos momentos una responsabilidad muy compleja, llena de retos y desafíos muy especiales que vivimos y sufrimos y que no es necesario repetir aquí.

Sin  embargo, la Iglesia, guiada siempre por el Espíritu Santo que nos ha enviado Jesucristo, pone en nuestras manos los medios y las gracias necesarios para llevar a cabo el proyecto de Dios que es un proyecto de Salvación, un proyecto de amor.

El Espíritu Santo ilumina a los obispos, en Aparecida, para que en comunión con el Papa Benedicto XVI nos ofrezcan este programa extraordinario, ser discípulos y misioneros en Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida.

En  nuestra Conferencia Episcopal el mismo Espíritu se hace presente nuevamente y se deja sentir para que nuestros obispos nos ofrezcan estas comisiones compartidas, con sus respectivas dimensiones para dar eficacia a nuestra acción evangelizadora.

Tenemos estas comisiones: de Pastoral Profética, de Pastoral Litúrgica, Pastoral Social. Tenemos también Familia, Juventud y Laicos; Vocaciones y Ministerios y de Comunicación Social.

En comunión con las diócesis de nuestra Provincia, Acapulco, las hacemos nuestras a través del objetivo general de nuestro Plan Diocesano de Pastoral:

Impulsar una pastoral diocesana de discípulos y misioneros de Jesucristo mediante una nueva Evangelización en comunión y participación, para hacer presente y operante el Reino de Dios en nuestra realidad.

En este Jubileo Diocesano hemos intentado seguir  el proceso pastoral que nos sugiere la Conferencia Episcopal de México, y queremos remar mar adentro para profundizar en cada una de las comisiones.

El año pasado sabiendo la importancia de la Vida familiar, quisimos acercarnos y fuimos ayudados por la Comisión de Pastoral de Familia, Juventud y Laicos, y este año, fuimos ayudados y estamos agradecidos con el Papa Benedicto XVI  que nos ha regalado el Año Sacerdotal. Hemos decidido hacer intensa oración por la santificación de los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales.

Apoyados por el equipo formador por la Comisión de Pastoral Vocacional, tenemos este lema: Todos por el Seminario.

Queremos presentarle a María de Guadalupe y a ustedes también, nuestro seminario. Tenemos 11 alumnos en Teología, 11 en Filosofía, 8 en el curso introductorio, 22 en el Seminario Menor y 32 seminaristas en familia, además de 7 diáconos.

Hermanos y hermanas, hoy como siempre comprobamos que la Eucaristía es luz y vida para  nuestra Diócesis, la oración de la misa de la Virgen de Guadalupe y el documento de Aparecida nos dicen: Buscar el progreso de nuestros pueblos por los caminos de la justicia y de la paz. Y Aparecida dice: para que nuestros pueblos en Jesucristo, tengan vida.

Hoy en la Primera Lectura, el Rey Salomón, en la dedicación del Templo, nos invita --y nos pone el ejemplo-- a hacer oración en todo momento. “Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra”.

De manera especial Jesús en el Evangelio nos manda que nos acerquemos a Dios, no solamente con palabras, tradiciones y costumbres meramente humanas, sino que nos acerquemos a El de todo corazón.

Así deseamos que sea nuestra peregrinación de hoy. Queremos pedirle a María de Guadalupe que nuestra Diócesis, con su presbiterio, sus religiosas, sus seminaristas y todos sus laicos, sea una Iglesia sencilla, una Iglesia bonita, corazón  del pueblo, donde todos vivamos contentos para que nadie tenga necesidad de irse a otra religión para practicar su fe.

Ojalá que todos podamos y  nos acerquémonos a Dios como lo hizo María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”.  

Que así sea.

 
 
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