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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Felipe Padilla Cardona, Obispo de la Diócesis de Ciudad Obregón, en ocasión de su peregrinación a la Basílica de Guadalupe

10 de julio de 2010

Muy querido señor obispo Vicente García, Obispo Emérito de nuestra Diócesis de Ciudad Obregón, muy queridos hermanos sacerdotes, también, saludo cordialmente a todos los paisanos de Sonora que residen aquí en la capital y que nos acompañan, a todos estos hermanos y hermanas de la Diócesis de Ciudad Obregón, que como el ejemplo de María cuando vio que necesitaban de su juventud, necesitaban de su ayuda. Dice, el Santo Evangelio que se levantó presurosa para ir acompañar, a poyar a su prima santa Isabel en ese momento tan importante para las mujeres, como es el de dar vida.

Yo quisiera en esta mañana que reflexionemos un poco sobre ¿cuál es la función de nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe en este momento actual que estamos viviendo en México? Y que así como niños y niñas, como hijos e hijas nos acerquemos llenos de confianza a Ella, para que ella nos obtenga ese don maravilloso, que estamos necesitando en estos momentos en nuestra persona, en nuestras familias y en nuestra patria. Don que debe de ir precedido de mucha oración, porque los dones que Dios nos da por medio de la Virgen María, no son por lotería, sino son el fruto de una oración fuerte y profunda de todos los mexicanos, en especial en esta Diócesis de Ciudad Obregón.

A lo mejor ya conocen esta historia, pero yo quisiera que nos fijáramos cual es la función que nuestros antepasados nahuas entendieron al aparecerse la Santísima Virgen de Guadalupe hace 500 años en esta colina del Tepeyac. Platica un sacerdote allá por los años 1992, que prácticamente a media noche del 11 de diciembre llegaron unos naturales aztecas, que habitaban en la Sierra de Veracruz colindando con Puebla, que se llama Zotzocolco. Y le tocaron, le dijeron: necesitamos que vayas con nosotros sin ningún pretexto a celebrar la misa, la Celebración Eucarística, de nuestra santa patrona, a nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe. Entonces él, ya ven que el día 12 de diciembre hay muchos servicios en todas partes los vio tan decididos que nomas les dijo: déjenme avisar que no voy a ir, que me voy a ir con ustedes, porque dijeron que no había ningún pretexto, ya que habían toda la semana buscado quien fuera a celebrara la Eucaristía y nadie fue, y prácticamente se lo llevaron a fuerzas. Toda la noche a lomo de burra cruzaron la sierra hasta llegar a temprana hora a este pueblo de Zotzocolco en el camino él venía, el sacerdote, yo de qué les voy hablar o qué es lo que voy hacer allá. Entonces al llegar se le ocurrió una idea y le preguntó al principal de la ciudad, del poblado, desde cuando hace qué celebran ustedes esta fiesta a la Santísima Patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe y haciendo memoria el principal dijo: celebramos esta fiesta hace casi quinientas vueltas del palo.

Ustedes saben que en Veracruz hay una región que se llama Papantla, donde hay los voladores de Papantla que cada año en la fiesta de san Miguel Arcángel celebran esa fiesta, pero dándole vuelta al palo, y que es conocido en todo México como los voladores de Papantla. Dijo hace quinientas vueltas del palo, entonces hace quinientos años, hace mil cosechas de maíz, después se informó el sacerdote, dice: que ese pueblo es tan feraz, tan abundante, que cada año hacen dos cosechas de maíz o sea hace casi quinientos años celebraban esta fiesta. Y dice: hace quinientas cosechas de cacao en que celebramos esta fecha. Entonces, el padre cayó en la cuenta que históricamente celebraba ya esa fiesta hacia quinientos años. Después les preguntó ¿y cuál es el mensaje que les trajo la Santísima Virgen de Guadalupe? dice, el principal: hace quinientos años se le apareció una gran señora, una joven señora, a uno de nuestros paisanos, es decir: a Juan Diego, a un azteca, porque ellos eran aztecas, se le apareció a uno de nuestros paisanos. Y al verla tan hermosa, tan maravillosa, con nuestro color, con nuestra manera de ser nos inspiraba mucha confianza, nos inspiraba mucho cariño. Pero, su verdadero mensaje está en que cuando nuestro paisano dio a conocer esta aparición al obispo de México, a los principales de México, todos con grande cariño se hincaban, todos con grande devoción la horraban, la veneraban.

Entonces, todos entendimos, por su rostro, por su presencia, que Ella venía a unirnos, Ella venía a reconciliarnos, porque hace cerca de quinientos años ya todos los jefes naturales del país nos estábamos reuniendo para levantarnos de nuevo contra los conquistadores, ¿por qué? nos hablan de un Dios, que es Padre y ellos nos trataban como esclavos; nos hablaban de un Dios que trae vida y ellos nos mataban; nos hablaban de un Dios que era nuestro Hermano y ellos nos golpeaban, ellos nos humillaban y hacían todo lo contrario. Y estábamos a punto ya de reunirnos, para levantarnos de nuevo, cuando aparece esta gran Señora. Esta gran Señora que con su palabra, con su mensaje, nos pedía reconciliación nos pedía que viviéramos en paz, que viviéramos tranquilos y nosotros y los conquistadores entendieron claramente este mensaje. Porque desde que Ella se apareció empezamos a sentir y a ver señales muy claras de acercamiento mutuo de vivir en paz, de vivir reconciliados y ese es uno de los grandes mensajes, que la Santísima Señora de Guadalupe nos trajo. Que en lugar de guerra, de estar unos contra otros, que viviéramos en paz, que viviéramos reconciliados, que nos diéramos cuenta de que era nuestra Madre para todos.

Pero le decían, al cura que estaba celebrando esta fiesta, pero si te fijas en su imagen su rostro está un poco inclinado, como que Ella nos hace descubrir que hay alguien mayor que Ella; que hay alguien que Ella quiere también comunicar y ese alguien es el Dios, es el Señor que nos creo, es el Señor de la historia. Y Ella vino, sí, para que viviéramos en paz, vino para que viviéramos reconciliados; pero vino para que tuviéramos una relación directa con ese Señor, con ese Creador, con ese Señor de la historia, que es Dios. Y al leer el Evangelio que hoy hemos escuchado nos damos cuenta que esta misión siempre la Santísima Virgen la ha traído a nuestro mundo.

Fíjense, como cuando su prima Isabel va a dar a luz ¿Ella a quién le lleva? le lleva a Jesucristo, Ella le lleva el don del Espíritu Santo, para que Juan el Bautista sea lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento. Ella se presenta como una joven hermosa, pero también como una mamá, como una madre cariñosa que quiere que todos sus hijos aunque estemos peleados, que aunque pensemos de diferente manera que ese no es el camino. El camino es un camino de paz, el camino es un camino de reconciliación, el camino es que todos juntos debemos de colaborar junto con la Santísima Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe, para que juntos creamos un México que donde reine la reconciliación, donde reine la paz, donde los frutos de la paz se hagan visibles en nuestra persona, en nuestra familia y en nuestro México.

Pues, Santísima Madre hoy venimos de Ciudad Obregón a pedirte esto: que haya paz en nuestra diócesis; que haya tranquilidad en nuestra diócesis; que haya reconciliación entre todos. Pero no queremos caminar solos, queremos caminar siempre contigo, porque contigo deberás Tú nos vas a llevar a Jesucristo que es el Príncipe de la paz. Tú no vas a llevar a Jesucristo que es Él que da vida y vida en abundancia. Pues, Jesucristo está en este altar presidiendo esta Eucaristía.

Pidámosle, de verás, por todas nuestras necesidades; pidámosle para que haya paz en nuestro México; pidámosle que todos nos animemos valientemente a construir la paz, que todos nos animemos a reconciliarnos, que todos nos animemos a buscar esto que es de verás el futuro, que la Santísima Señora quiere para nosotros. Que formemos una nación cada día más unida; una nación cada día mejor; una nación donde reine siempre Jesucristo, donde reine nuestra Madre la Santísima Virgen de Guadalupe. Pidámoslo que Él nos dé la fuerza, la valentía de poner manos a la obra para construir la paz, para construir la reconciliación, para construir el progreso de nuestra patria, pero siempre por estos caminos: caminos de paz y caminos de justicia. Y veremos como Ella está atenta a nosotros, como Ella nos va a escuchar y como Ella nos va a conseguir de Jesucristo todos los favores que le pidamos, todas las gracias que necesitemos, toda la valentía que nos haga falta para ser constructores de nuestra familia, de nuestra sociedad en la paz, la justicia y en la fraternidad.

Pues, sigamos hablando con nuestra Madre, sigamos celebrando esta Eucaristía, pero siempre con esta intensión descubrir que cada uno de nosotros somos y fuimos hechos para construir la paz, somos y fuimos hechos para vivir en la justicia, pero sobre todo para vivir como hermanos, hijos de tan grande Señora, la Santísima Virgen de Guadalupe.

 
 
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