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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por  Mons. Gerardo de Jesús Rojas López, Obispo de la Diócesis de Nuevo Casas Grandes, en ocasión de su peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

7 de julio de 2010

Estos días la Palabra de Dios tiene un parecido y una semejanza, como un hilo conductor que nos sugiere la alabanza, que nos sugiere la oración. Estos días a través de los Salmos nos dicen: alaba alma mía y no olvides los beneficios de Dios, cántale al Señor un canto nuevo, cántele al Señor toda la tierra, porque el Señor nos ha hecho maravillosamente. Y el día de hoy dice la primera frase del Salmo: en donen en honor del Señor himnos y cánticos. Nos sugiere el canto y a la alabanza.   

Dicen que en uno de esos lugares, donde subastan muchas, el subastador en aquel enorme salón empezó a ofrecer y a vender su mercancía y de pronto empezó a ofrecer un violín empolvado, despostillado, desafinado, desencuerdado, maltratado, lo levantó y preguntó: ¿quién 100 dólares por él? nadie. ¿Quién da 80 dólares? nadie. ¿Quién da 50 dólares? nadie. ¿Quién da 20 dólares? y dicen que desde el fondo del salón vino un señor, una persona ya de edad, que no soportó que dieran tan barato aquel violín. Llegó hasta donde estaba el subastador, tomó el violín de la mesa, sacó su pañuelo de la bolsa de atrás y empezó con mucha calma a quitarle el polvo al violín, lo limpió, lo frotó y acarició las despostilladas, lo empezó a afinar, tenso la cuerda y empezó a entonar, a tocar en aquel violín una bella melodía. Todos quedaron impactados, porque estaba tocando como los mismos ángeles de Dios. Al terminar deposito aquel violín en la mesa y se fue a su lugar. El subastador tomó el violín, lo levanto y dijo: ¿quién da 1000 dólares? muchas manos, ¿quién da 2000 dólares? muchas manos, ¿quién da 5000 dólares? muchas manos. ¿Aquél violín valía esos miles de dólares?  Solo no, pero en las manos del especialista en tocarlo era valiosísimo. ¿Ustedes y yo valemos mucho? solos no, pero en las manos del especialista que sabe tocar las cuerdas del corazón, para alabar a Dios y entonar un canto nuevo somos muy valiosos. Y venimos a eso a decirle a Jesús, el Señor: toma Dios mío, mi corazón y mi alma, entónale al Padre un canto nuevo. Que mi alma nunca olvide sus grandes beneficios, Él es especialista en tocar las cuerdas del corazón, para Ti es mi música Señor, dice el salmista. Tocaré para mi Dios el arpa de 10 cuerdas. Somos muy valiosos, pero sólo en las manos del especialista y ahora que en estos días la Palabra de Dios nos dice: cántale a Dios, entónale himnos de alegría, cántale un canto nuevo.

Vamos diciéndole que venimos desde Chihuahua a Jesús, que tome nuestros corazones y saque desde el fondo del corazón una bella melodía para el Padre. Dile a la Virgen María: que así como aquél hombre acarició las despostilladas, las manos maternales de María acaricien tu dolor, tu enfermedad, tu desesperación. Ella es especialista en alabar las maravillas que el Señor ha hecho en Ella y en ti también. Pero esta melodía y este cantico ¿cómo van entrelazado? ¿cómo va entonado y cantado? bueno con todo lo que hemos vivido; con todo lo que estamos padeciendo, pero también con la gracia de Dios, que se derrama en nuestros corazones.

Este año celebramos el Año Sacerdotal ponemos en las manos de Dios y de la Virgen María a cada uno de nuestros sacerdotes, para que Ella los bendiga. Hoy cumplimos 33 años de iglesia particular, primero como prelatura y luego como diócesis. Este año le ofrecemos la vida, la existencia, la santidad y la bondad  de nuestros Obispo Emérito Don Hilario, que ya goza en la presencia de Dios, ya le conoce a Dios cara a cara tal cual es. Estoy seguro que Dios, cuando llegó a su presencia le ha de haber dicho: ven hombre, bueno, justo y fiel a disfrutar del reino preparado para ti desde la creación del mundo. El dolor, la contrariedad todo eso es canto, alabanza, bendición de Dios. Pues, digámosle a Jesús: que así como aquél que tomó el violín tome nuestra vida. Dicen de este ejemplo, que aquél hombre que no soportó que el violín fuera mal baratado, que estuviera empolvado, despostillado, desafinado. Tomó su pañuelo y lo limpió, le quitó el polvo con mucha ternura. Cuando tú llegas a la casa de Dios, el Padre Celestial no soporta, que vengas como el violín despostillado, empolvado, ¿sabes qué hace tu Padre? Con ternura limpia el polvo, con amor cicatriza tus heridas y te da la paz. Por eso al principio de la Eucaristía decimos: pidámosle perdón a Dios por todos nuestros pecados.

Bien, pues, ya en las manos del especialista que sabe sacar bellas melodías de los corazones ¿qué nos dice en su Palabra? estos días, la Palabra de Dios, que es muy bella toda: desde el domingo, envía Jesús a sus discípulos de 2 en 2, ahora escoge a sus 12 apóstoles, pero desde antes cuando los envía al volver, que vienen los 72 les dice Jesús: vengan conmigo un rato, para que descansen junto a mí. Y eso te dice Jesús, después de muchas horas de viaje, el Señor te dice, al oído y al corazón, como a sus amigos: ven conmigo, para que descanses un rato junto a mí.

Dice, san Agustín: nos has creado Señor para ti y nuestra alma y nuestra vida no estará tranquila hasta que descansa en Ti. Dile a Dios: que tu alma no tiene sosiego, que tu alma no está tranquila hasta que descanse en sus manos, en las manos de la Virgen María, de la Virgen de Guadalupe, de la Virgen de Guadalupe. Y es que Ella tiene sus manos juntas, pero están ahuecadas, tienen un hueco en las manos, porque ahí te lleva a ti, bajo su mirada y bajo su protección.

Estos días la Palabra de Dios, como ilumina nuestro entendimiento y nuestro corazón, para alabar a Dios y hacer de un canto nuevo. Decía la primera lectura del domingo: Yo haré correr, como un río la paz. Como lo deseamos, que así como el agua del desierto empapa la tierra y la fecunda. Dice, Dios: Yo haré correr como un río la paz. Que Palabra tan esperanzadora, para nosotros en Chihuahua, que Dios nos diga eso: no te preocupes Yo haré correr, como un río la paz. Y hace falta la paz en cada corazón, en cada hogar, en cada familia, en cada comunidad, en cada ciudad y en todo el Estado devastado por el miedo y el terror, y los acribillados y los extorsionados, y los secuestrados. Pero, Dios hará correr como un río la paz.

Creemos en Él, porque Él nos ha dicho: podrá dejar de funcionar muchas cosas el sol, la luna y las estrellas, pero mi Palabra nunca fallará se ha de cumplir. Y eso esperamos y eso le pedimos a la Virgen María, que es Reina de la paz, a Cristo Jesús y a Dios Celestial, que nos hará correr, como un río la paz en nuestros desiertos para fecundarlos.

Y decía la lectura: y Yo tomé a Israel, como toma a una Madre a su pequeño y lo puse sobre mis rodillas lo acaricié, lo protegí y le bendije. Pero, ¿cómo consuela Dios? ¿cómo protege el Señor? el tiene su pedagogía. Ya veíamos el Evangelio del domingo antepasado: el que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Él no es como los humanos, que en campaña prometen muchas cosas, muchas, y a veces no se cumple. Jesús no promete nada, solamente es sincero, no promete nada solamente nos dice: si quieres venir conmigo, no te la vas a pasar muy a gusto, no vas a tener problemas, no, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme, pero como recompensa tendrás la vida eterna. Y ya nos decía el Evangelio del domingo: y dile a Dios que escriba tu nombre en el libro de la vida. Esa es nuestra esperanza, que le ofrecemos todo como ofrenda agradable, sabiendo que nos dará la vida eterna. Dice, Pablo: he corrido en la carrera, he luchado en combate sólo espero la corona merecida de parte de Dios. Vivimos en la esperanza y confiamos que ese río de paz se hará realidad en los desiertos, en nuestro desierto que lo ha de fecundar.

Dice, Dios: y así como pone una madre a su creatura, sobre sus rodillas, la acaricia, la protege y la consuela, así los consolaré Yo. ¿Cómo consuela Dios? Dios es muy bueno, no es sobreprotector, no, defiende y protege. ¿Cómo protege Dios? dicen que el águila tiene su pedagogía para hacer y enseñar a volar a su aguilita. Entonces, el águila con su pico agarra del cuello su aguilita, y dicen que la sube a la montaña más alta, al pino más alto, a la copa del pino más alto y suelta su aguilita, lo suelta para que se enseñe a volar, suelta desde las alturas al aguilita. Y ahí viene la aguilita hacia el suelo, quien sabe qué pensará de la que la aventó, pero él viene volando. Cuando ya casi llega al piso, no se estrella, viene el águila lo agarra con sus garras y la vuelve a subir, y la vuelve a soltar, y la vuelve agarrar, la vuelve a subir… hasta que se enseña a volar, así enseña en águila a volar a sus aguiluchos. Da la impresión de que así es Dios, a veces sentimos como si nos abandonará, como si nos estrelláramos pero, no, cuando ya sentimos que nos vamos a estrellar ¿saben qué pasa? Cristo Jesús, como aquel águila con sus manos llagadas nos sostiene y nos lleva donde está Él, para enseñarnos a volar. Y es que el águila es el único animal, ave, que desafía el sol; el único que le ve de frente, por eso se queda ciega muy joven el águila. Ve el sol, no cierra los ojos, nosotros también.

Dice, aquel texto de la Sinagoga en Nazaret: y los ojos de todos los asistentes estaban fijos en Jesús.  Y esta tarde nuestros ojos están fijos en Jesús, porque es el sol de justicia, bajo su mirada estamos, bajo su mirada y su protección, porque eso nos ha dicho esta mañana: ven aquí conmigo para que descansen junto a mí.  Y nosotros, que le contemplamos y le vemos. Así es la pedagogía de Dios; así protege el Señor y así consuela. Así los consolaré Yo, dicen la lectura del domingo. Y todos tenemos un deseo muy grande, de que Dios nos consuele, de que Dios nos ponga sobre sus rodillas y nos acaricie y tenemos ese deseo muy grande. Que María Santísima nos ponga sobre sus rodillas, nos acaricie como acaricia una madre, nos proteja y nos bendiga.

Dice el Evangelio del domingo: y Cristo Jesús los envió de 2 en 2 a predicar, pero antes de eso dijo, rueguen al dueño de la míes, que envíe trabajadores a sus campos, y luego los envió de 2 en 2 diciendo, vayan y a donde lleguen toquen la puerta de la casa y digan; la paz sea en este hogar. Hoy también los envía, Jesús a sus apóstoles, y nos envía a nosotros, ustedes y yo somos seguidores de Jesús, discípulos de Jesús, apóstoles, misioneros. Pero Cristo Jesús los envió a predicar de 2 en 2, y los preparó o los envió a ver que decían, no, los preparó. Los preparó eso dice la Escritura: vayan y digan el reino de Dios está cerca lleven la paz, perdonen, sanen, santifiquen. Los preparó para que fueran sus testigos. Y dice san Juan: lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que hemos palpado de eso damos testimonio. ¿Y qué vieron los apóstoles? ¿qué palparon los discípulos? ¿cómo se acercaron a Jesús?

Hace unos 3 o 4 domingos decía el Evangelio: que un día Jesús iba entrando a una Ciudad llamada Nain y de la Ciudad Nain venía saliendo un cortejo fúnebre iban a enterrar al hijo único de una viuda pobre, una mujer viuda pobre y con un hijo único y se le murió. ¡Qué dolor de aquella mujer! El Evangelio no dice que aquella pobre viuda que había perdido a su hijo hubiera mirado a Jesús o le hubiera pedido algo, ni siquiera dice que le hubiera conocido, no, no dice nada, a lo mejor ni lo vio, ni lo conocía, ni le pidió. Pero, ¿saben qué hizo Jesús? según el Evangelio, se acercó aquella mujer y, yo creo que le ha de haber dado un beso en la frente, le limpió sus lágrimas, la abrazo con ternura y le dijo: no llores, y le devolvió a su hijo con vida. Ella no se lo pidió, pero es propio de Dios, es característica de Dios ser misericordioso, bueno, generoso, bondadoso. Aquella mujer no se lo pidió y la consoló y le limpió las lágrimas y le beso. Si hasta ahorita tú no le has pedido nada a Jesús, no te preocupes Él de todas maneras se va acercar ¿sabes qué va hacer? te va a dar un beso en la frente aunque no le pidas nada, te va a limpiar tus lágrimas del corazón y con ternura te va abrazar y te va decir como aquella mujer: no llores y te va a devolver la salud, la vida, la alegría, el gozo, la paz, el perdón. Así es Dios, si aquella mujer no le pidió nada a Jesús ni siquiera lo buscó, ni le miró. Imagínate qué hará Dios contigo sí tú si viene a buscarlo, sí tú si vienes a pedirle, sí tú si vienes a suplicarle hará grandes cosas. Por eso la Palabra Dios: cántale al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas, alaba alma mía al Señor y no te olvides de tus muchos beneficios.

Entonces, ¿qué van a ir a predicar los apóstoles? ¿qué van a ir a predicar los apóstoles? ¿qué van a ir a decir aquellos 72? lo que han visto, lo que han oído, lo que han palpado. ¿A poco no les impactaría a los discípulos este hecho? ¿a poco no le impactó a los discípulos que sanará a muchos? Aquella mujer de hace 2 días que dice: si por lo menos pudiera tocarle la punta del manto me sanaría, y como pudo se acercó y tocó la punta del manto y se curó.  Tú, también, como aquella mujer, tú y yo como quisiéramos tocarle el manto a Jesús y el manto a la Virgen para que nos sane, nos consuele y nos bendiga. Pero, hoy no le vamos a decir que queremos tocarle el manto, queremos que Él toque nuestro manto, que Él toque nuestros corazones, toque nuestras familias, toque los corazones de nuestros hijos, de nuestros padres y los consuele, como sólo Dios consuela y los bendiga, les conceda la paz, como Él sabe darlo a sus amigos.

Entonces, los preparó y fueron a decir como testigos lo que vieron, lo que oyeron, lo que palparon. Ahora Dios te convierte a ti también en discípulo y te envía a que vayas y le digas a los demás lo bueno, generoso y misericordioso que Dios ha sido contigo, porque no te ha faltado nada. Eso dice santa Teresa, donde está Dios no falta nada, sólo Dios basta, ¿te falta algo es que te falta Dios? ¿careces de algo es que hay ausencia de Dios? Pero si no te falta nada seguramente Dios está en tu corazón, seguramente te tiene sobre sus rodillas, te acaricia y te consuela, como sólo él lo sabe hacer. Seguramente el especialista en sacer bellas melodías te tiene entre sus manos llagadas, para que alabes y bendigas a su Señor.

Tenemos muchas cosas que decirle a Dios; tenemos muchas que decirle a María Santísima, María de Guadalupe y Ella consuela, como consoló a Juan Diego: no te preocupe esa enfermedad, no otra semejante, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre? Ante todo aquello que le presentamos es su respuesta, no te preocupes. Ante todo aquel temor, y se lo hemos dicho en los Salmos el día de san Juan Bautista en el Salmo Responsorial decíamos: el Señor me libró de todos mis temores, el Señor me salvó y me libró porque me amaba. Es que estamos en las manos de Dios, es que creemos en Él, es que esperamos en Él y sabemos que hará correr, como un río la paz en nuestros desiertos, en nuestras calles, en nuestras ciudades y en nuestro Estado, de eso estamos seguros, de nuestra patria.

Le damos gracias a Dios y le platicamos todo, como cuando volvieron aquellos 72 y le platicaron Señor hemos hablado en tu nombre y Él dijo que había visto caer a Satanás, que había visto las maravillas que habían hecho en su nombre y les dice: alégrense, más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo. Claro que Él ya nos escribió, dice la Escritura: y te llevó grabado, escrito en la palma de mi mano derecha, dice Dios en su Palabra, te llevo escrito con tu nombre en la palma de mi mano derecha. ¿Saben por qué? porque la mano es la que más vemos. Las mamás, cuando va a darle la nalgada a los niños ven la mano. La mamá, cuando va a ser la comida ve la mano. El papá, cuando va a trabajar y va manejando ve la mano, siempre la ve. ¿Sabes qué hace tu Padre? te ve siempre, su mano creadora, que perdona, que sana, que santifica te ve siempre. Por eso nos lleva grabados en la palma de su mano derecha. Pero ahora Jesús nos dice en el Evangelio del domingo: pídele que tu nombre este escrito en el libro de la vida y en el corazón del Padre. Eso le pedimos, que nos escriba en libro de la vida y a la Virgen de Guadalupe, que nos lleve en el hueco de sus manos, que nos cuide, que nos defienda, que nos conceda la paz, la gracia y la bendición.

Que así sea.

 
 
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