6 de
febrero de 2010
Los apóstoles volvieron a reunirse
con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces,
Él les dijo: vengan conmigo a un lugar solitario para que descansen
un poco, porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban
tiempo ni para comer.
Así comienza el Evangelio de
este día, que nos ha sido proclamado como Palabra de Dios y en esta
primera parte del Evangelio parecería que desde una lectura primera
lo que busca Jesús es un descanso físico para sus apóstoles. Sin embargo,
el texto más adelante, dice que: cuando Jesús y sus apóstoles se fueron
a ese lugar solitario buscando el descanso la gente se dio cuenta
que se habían embarcado y cuando Jesús desembarcó vio una numerosa
multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque
andaban sin ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas.
Con lo cual pareciera, que el Evangelio nos está diciendo que fracasó
Jesús en su intento de llevar a descansar a sus apóstoles; pareciera
que el objetivo que se habría plantado de decirles vamos a poner un
poco de silencio, soledad, vamos a tratar de reunirnos para descansar,
quedó frustrado porque la multitud andaba como ovejas sin pastor.
Esa es la razón que nos da el evangelista.
Tenemos, entonces, que preguntarnos
¿es esto lo qué el evangelista nos quiere decir? de que también a
Jesús se le frustraban sus buenos propósitos, como a nosotros o hay
alguna enseñanza mucho más profunda, por la cual el evangelista narra
estos hechos que quizá hubiera sido preferible no narrarlos, porque
desamina no alcanzar los objetivos propuestos. ¿Cuál es esa enseñanza
que posiblemente motivo al evangelista Marcos a dejar estas narraciones,
estos hechos de la vida de Jesús con sus apóstoles? Si nos ponemos
atentos quizás podemos encontrar una respuesta a esta pregunta. Cuando
Jesús recibe a los apóstoles es después de haberlos enviado a una
misión de dos en dos de la cual vuelven ellos muy contentos, porque
aparentemente les ha ido muy bien la gente le ha respondido, están
eufóricos, quieren hablar, quieren contarle al Maestro de su
éxito, quieren decirle al Señor Jesús: sí, yo la hice, soy capaz
de ser apóstol. Ese es el contexto de este pasaje. Y Jesús les
dice: vamos a un lugar solitario, vamos, es decir se incluye
Él, el Maestro. El Maestro tiene que estar en el centro.
Segundo elemento, que nos puede
ayudar a respondernos la pregunta, la sensibilidad de Jesús también
ante la multitud. Jesús ve que eran muchos los que andaban como ovejas
sin pastor y entonces se pone a enseñarles muchas cosas. Es Jesús
mismo, quizá hubiéramos nosotros imaginado, por ejemplo, humanamente:
que hubiera sido mejor que hubiera distribuido a sus apóstoles y que
le ayudarán a dar esa enseñanza, para ver si era cierto que le había
ido también, para comprobar que sus apóstoles eran eficaces. Pero
no es Él, el Maestro el que se pone a enseñarles. Con lo cual podemos
descubrir que el descanso está más en estar con el Maestro, que lo
que físicamente hemos siempre imaginado, y más en estos tiempos en
donde se ha desarrollado el turismo de una manera generalizada; turismo
de descanso, que lo que realmente nos descansa no es irnos a un lugar
de centro de diversiones; lo que realmente nos descansa no es ir a
un lugar donde no tenga yo responsabilidades; lo que realmente nos
descansa es estar con el Maestro.
Y esta es la grande enseñanza,
es la enseñanza para nuestro pueblo, estamos inmersos en los quehaceres,
que nos desbordan, estamos queriendo dar respuesta por esa misma sensibilidad
de ver tanta gente necesitada, como en tiempos de Jesús, de tantos
que andan como ovejas sin pastor. Y queremos ofrecerles respuestas
inmediatas a sus necesidades y a veces quizá descuidamos darles la
respuesta fundamental, que es descubrir la presencia del Maestro en
nuestra vida, en nuestro interior, en nuestra comunidad, en nuestra
familia, en nuestra fraternidad, que formamos, como discípulos de
Cristo en nuestra Iglesia.
Por eso, queridos hermanos,
les invito a darnos cuenta ¿qué sensibilidad tengo yo de descubrir
que Cristo es alguien para mí, no una idea, no una teoría, no una
ideología? El cristianismo, nos dice el Papa Benedicto XVI: no
es eso, el cristianismo es un discípulo de Jesús, el Maestro, una
comunidad de discípulos que están en torno al Maestro y que lo hacen
presente para los demás.
Hoy escuchábamos en el primer
texto que el pueblo de Israel estaba muy contento, cuando Salomón
inauguró el templo de Jerusalén, hicieron gran fiesta. Pero nos dice
el texto así con un dejo de tristeza y un dejo de verdad, que lo
que centraba al templo era la presencia del arca, el Arca de la Alianza,
arca de la promesa, pero que dentro de ella no estaba, sino solamente
dos tablas de piedra, que guardaban la enseñanza fundamental: los
diez mandamientos.
Discúlpenme si se los digo,
pero siento que en nuestra Iglesia muchas veces pareciera que solamente
seguimos en ese tiempo de Salomón en donde solamente tenemos los diez
mandamientos, como la enseñanza fundamental para los discípulos de
Cristo. Nosotros tenemos más que el Arca de la Alianza, porque esa
arca de la promesa ya está cumplida. Tenemos esto que celebramos y
por eso estamos tan alegres de encontrarnos aquí, no porque venimos
a una celebración determinada para descubrirnos como Iglesia, sino
Iglesia en Cristo. Nosotros tenemos más que el Arca de la Alianza
tenemos la presencia del Hijo de Dio vivo, que se ha hecho hombre
y que se ha prolongado en esa presencia a través del Sacramento de
la Eucaristía, celebramos a Cristo, el Señor. Esta es la gran celebración
de nuestra fe, porque en ella nos nutrimos, porque en ella hacemos
vida ese descanso en el Señor.
Preguntémonos por eso ¿para
mí estar aquí hoy entorno a Cristo, el Señor es mi descanso, es mi
encuentro con quien me da la paz, es aquel que me acompaña en los
momentos difíciles, cuando tengo que afrontar situaciones adversas,
es Aquel que alegra mi corazón, cuando con generosidad ofrezco la
mano a quien lo necesita? Sentir siempre ante un problema, que no
estoy solo y que hay alguien siempre dispuesto a ayudarme. ¿No representa
un verdadero descanso en el espíritu? Eso hace Jesús, pero muchas
veces nuestros ojos están ciegos para darnos cuenta que Él está ahí,
Jesús está aquí.
Hermanos, los invito, porque
yo sé que todos ustedes, los que están aquí presentes, son nuestros
fieles más cercanos a la vida pastoral de nuestras parroquias. Empezando,
desde luego, por los mismos sacerdotes, que ofrezcamos esta Buena
Nueva al mundo, a nuestra sociedad, a nuestras comunidades, a tantos
fieles cristianos, que todavía sigue para ellos una referencia de
promesa, las tablas de piedra. Que todavía no descubren que ya está
aquí el Señor de la vida. Que sea ésto nuestra gran motivación y que
junto con nuestro párroco en nuestras comunidades; junto con nuestro
decano en cada decanato; junto con nuestro vicario episcopal; junto
con nosotros los obispos hagamos presente al Señor.
Por eso hemos venido esta mañana
con grande alegría a decirle a nuestra Madre, que por eso vino María
de Guadalupe a decirle al pueblo que nacía entonces y que lo ha seguido
diciendo a través de los siglos: ¿no estoy Yo aquí que soy tu Madre?
la sentimos cerca y en Ella sentimos la presencia divina, porque sabemos
que está unida a la Santísima Trinidad; porque Ella es el modelo de
Iglesia; porque Ella nos indica los caminos para llevarnos a su Hijo;
para mostrarnos a Cristo, el Salvador.
Que seamos, Iglesia de Tlalnepantla,
una iglesia que testimonio de que Cristo, el Señor, está presente
en medio de nosotros.
Que así sea.