InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Peregrinaciones
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, en ocasión de la peregrinación de su arquidiócesis, a la Basílica de Guadalupe.

6 de febrero de 2010

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces, Él les dijo: vengan conmigo a un lugar solitario para que descansen un poco, porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Así comienza el Evangelio de este día, que nos ha sido proclamado como Palabra de Dios y en esta primera parte del Evangelio parecería que desde una lectura primera lo que busca Jesús es un descanso físico para sus apóstoles. Sin embargo, el texto más adelante, dice que: cuando Jesús y sus apóstoles se fueron a ese lugar solitario buscando el descanso la gente se dio cuenta que se habían embarcado y cuando Jesús desembarcó vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban sin ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas. Con lo cual pareciera, que el Evangelio nos está diciendo que fracasó Jesús en su intento de llevar a descansar a sus apóstoles; pareciera que el objetivo que se habría plantado de decirles vamos a poner un poco de silencio, soledad, vamos a tratar de reunirnos para descansar, quedó frustrado porque la multitud andaba como ovejas sin pastor. Esa es la razón que nos da el evangelista.

Tenemos, entonces, que preguntarnos ¿es esto lo qué el evangelista nos quiere decir? de que también a Jesús se le frustraban sus buenos propósitos, como a nosotros o hay alguna enseñanza mucho más profunda, por la cual el evangelista narra estos hechos que quizá hubiera sido preferible no narrarlos, porque desamina no alcanzar los objetivos propuestos. ¿Cuál es esa enseñanza que posiblemente motivo al evangelista Marcos a dejar estas narraciones, estos hechos de la vida de Jesús con sus apóstoles? Si nos ponemos atentos quizás podemos encontrar una respuesta a esta pregunta. Cuando Jesús recibe a los apóstoles es después de haberlos enviado a una misión de dos en dos de la cual vuelven ellos muy contentos, porque aparentemente les ha ido muy bien la gente le ha respondido, están eufóricos,        quieren hablar, quieren contarle al Maestro de su éxito, quieren decirle al Señor Jesús: sí, yo la hice, soy capaz de ser apóstol. Ese es el contexto de este pasaje. Y Jesús les dice: vamos a un lugar solitario, vamos, es decir se incluye Él, el Maestro. El Maestro tiene que estar en el centro.

Segundo elemento, que nos puede ayudar a respondernos la pregunta, la sensibilidad de Jesús también ante la multitud. Jesús ve que eran muchos los que andaban como ovejas sin pastor y entonces se pone a enseñarles muchas cosas. Es Jesús mismo, quizá hubiéramos nosotros imaginado, por ejemplo, humanamente: que hubiera sido mejor que hubiera distribuido a sus apóstoles y que le ayudarán a dar esa enseñanza, para ver si era cierto que le había ido también, para comprobar que sus apóstoles eran eficaces. Pero no es Él, el Maestro el que se pone a enseñarles. Con lo cual podemos descubrir que el descanso está más en estar con el Maestro, que lo que físicamente hemos siempre imaginado, y más en estos tiempos en donde se ha desarrollado el turismo de una manera generalizada; turismo de descanso, que lo que realmente nos descansa no es irnos a un lugar de centro de diversiones; lo que realmente nos descansa no es ir a un lugar donde no tenga yo responsabilidades; lo que realmente nos descansa es estar con el Maestro.

Y esta es la grande enseñanza, es la enseñanza para nuestro pueblo, estamos inmersos en los quehaceres, que nos desbordan, estamos queriendo dar respuesta por esa misma sensibilidad de ver tanta gente necesitada, como en tiempos de Jesús, de tantos que andan como ovejas sin pastor. Y queremos ofrecerles respuestas inmediatas a sus necesidades y a veces quizá descuidamos darles la respuesta fundamental, que es descubrir la presencia del Maestro en nuestra vida, en nuestro interior, en nuestra comunidad, en nuestra familia, en nuestra fraternidad, que formamos, como discípulos de Cristo en nuestra Iglesia.

Por eso, queridos hermanos, les invito a darnos cuenta ¿qué sensibilidad tengo yo de descubrir que Cristo es alguien para mí, no una idea, no una teoría, no una ideología? El cristianismo, nos dice el Papa Benedicto XVI: no es eso, el cristianismo es un discípulo de Jesús, el Maestro, una comunidad de discípulos que están en torno al Maestro y que lo hacen presente para los demás.

Hoy escuchábamos en el primer texto que el pueblo de Israel estaba muy contento, cuando Salomón inauguró el templo de Jerusalén, hicieron gran fiesta. Pero nos dice el texto así con un dejo de tristeza y un dejo de verdad, que lo que centraba al templo era la presencia del arca, el Arca de la Alianza, arca de la promesa, pero que dentro de ella no estaba, sino solamente dos tablas de piedra, que guardaban la enseñanza fundamental: los diez mandamientos.

Discúlpenme si se los digo, pero siento que en nuestra Iglesia muchas veces pareciera que solamente seguimos en ese tiempo de Salomón en donde solamente tenemos los diez mandamientos, como la enseñanza fundamental para los discípulos de Cristo. Nosotros tenemos más que el Arca de la Alianza, porque esa arca de la promesa ya está cumplida. Tenemos esto que celebramos y por eso estamos tan alegres de encontrarnos aquí, no porque venimos a una celebración determinada para descubrirnos como Iglesia, sino Iglesia en Cristo. Nosotros tenemos más que el Arca de la Alianza tenemos la presencia del Hijo de Dio vivo, que se ha hecho hombre y que se ha prolongado en esa presencia a través del Sacramento de la Eucaristía, celebramos a Cristo, el Señor. Esta es la gran celebración de nuestra fe, porque en ella nos nutrimos, porque en ella hacemos vida ese descanso en el Señor.

Preguntémonos por eso ¿para mí estar aquí hoy entorno a Cristo, el Señor es mi descanso, es mi encuentro con quien me da la paz, es aquel que me acompaña en los momentos difíciles, cuando tengo que afrontar situaciones adversas, es Aquel que alegra mi corazón, cuando con generosidad ofrezco la mano a quien lo necesita? Sentir siempre ante un problema, que no estoy solo y que hay alguien siempre dispuesto a ayudarme. ¿No representa un verdadero descanso en el espíritu? Eso hace Jesús, pero muchas veces nuestros ojos están ciegos para darnos cuenta que Él está ahí, Jesús está aquí.

Hermanos, los invito, porque yo sé que todos ustedes, los que están aquí presentes, son nuestros fieles más cercanos a la vida pastoral de nuestras parroquias. Empezando, desde luego, por los mismos sacerdotes, que ofrezcamos esta Buena Nueva al mundo, a nuestra sociedad, a nuestras comunidades, a tantos fieles cristianos, que todavía sigue para ellos una referencia de promesa, las tablas de piedra. Que todavía no descubren que ya está aquí el Señor de la vida. Que sea ésto nuestra gran motivación y que junto con nuestro párroco en nuestras comunidades; junto con nuestro decano en cada decanato; junto con nuestro vicario episcopal; junto con nosotros los obispos hagamos presente al Señor.

Por eso hemos venido esta mañana con grande alegría a decirle a nuestra Madre, que por eso vino María de Guadalupe a decirle al pueblo que nacía entonces y que lo ha seguido diciendo a través de los siglos: ¿no estoy Yo aquí que soy tu Madre? la sentimos cerca y en Ella sentimos la presencia divina, porque sabemos que está unida a la Santísima Trinidad; porque Ella es el modelo de Iglesia; porque Ella nos indica los caminos para llevarnos a su Hijo; para mostrarnos a Cristo, el Salvador.

Que seamos, Iglesia de Tlalnepantla, una iglesia que testimonio de que Cristo, el Señor, está presente en medio de nosotros.

Que así sea.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior