JESÚS Y LAS NECESIDADES MATERIALES
DEL HOMBRE
Mis amados hermanos
y hermanas en Cristo Jesús, adoremos al Padre de Nuestro Señor
Jesucristo por su inmensa misericordia. Pues, en su Hijo nos
ha dado el signo más excelente y eficaz de su amor por nosotros.
A
partir de hoy, mis amados hermanos, como ya señalaba al principio
de la Santa Misa, y durante cinco domingos, la Iglesia nos va
a introducir, a través del Evangelio de san Juan, en el misterio
de Cristo como el pan que Dios, su Padre, nos ofrece para comunicarnos
su propia vida. Para darnos vida y vida en abundancia, para
nuestro mejor aprovechamiento, notemos la importancia que tiene
el capítulo sexto de este Evangelio, al que la Iglesia dedica
cinco domingos para seguir, paso a paso, la enseñanza de Jesús.
Los invito, mis amados hermanos y hermanas, a que juntos emprendamos
este camino por el que Jesús nos conduce —tal y como lo hizo
en aquella ocasión con la gente que lo seguía— para darnos una
enseñanza muy especial y central en la comprensión del misterio
que nos salva. Entendamos que el Evangelio de san Juan es el
que más exige una interpretación a partir de los símbolos que
manejen la transmisión de su mensaje. Los invito, pues, a ver
la explicación de este domingo sólo como una introducción a
la enseñanza de los domingos siguientes.
La narración de la multiplicación de
los panes se encuentra seis veces en los cuatro evangelios,
pues, los evangelistas Mateo y Marcos la repiten, y es uno de
los pocos relatos en que los coinciden, con algunas diferencias,
con el Evangelio de san Juan. El texto comienza con la enumeración
de datos que nos invitan a situar el relato en el tiempo (cerca
de la pascua de los judíos) y en el espacio, aunque no muy preciso.
Nos dice, en efecto, que se fue (no dice de dónde) al otro lado
del mar de Galilea, hacia la región de Tiberíades, en su zona
montañosa a donde sube para sentarse allí con sus discípulos.
Además nos indica que lo seguía mucha gente que ya había visto
los ‘signos’, es como llama Juan a los milagros de Jesús.
Ante la gente que lo sigue, Jesús,
generoso y compasivo, como lo vimos el domingo pasado, toma
la iniciativa de alimentarlos, poniendo a prueba a Felipe y,
en general a los discípulos, de los cuales Andrés le dice, con
escepticismo, que un muchacho lleva sólo cinco panes de cebada
y dos pececillos. Le evidente provocación estaba servida y ante
la desmida en presa de tener que alimentar a tantos con tampoco
era lógica aquella reacción de los discípulos. Nos supera, no
sabemos que hacer, ni por donde empezar, como dice el evangelista
Marcos: vamos nosotros a comprar 200 denarios de pan para darles
de comer.
Jesús, mis amados hermanos, hizo ese
milagro ante todos y quedo manifiesta la grandeza de Dios, pero
a través de la pequeñez humana. Fue realizado por la ayuda humilde
del muchacho que encontró Andrés con sus 5 panes y sus 2 peces.
Un impresionante testimonio de cómo Jesús no ha querido mostrarnos
un rostro de Dios autosuficiente y despectivo respecto de sus
hijos, sino que por así decirlo ha querido tener necesidad de
nuestra pequeñez, de nuestra pequeña colaboración humana para
que nuestra grandeza divina pueda ser manifestada.
Pero este milagro, mis amados hermanos
y hermanas, nos sobrepasa, Jesús sabía que no iba a quedarse
en el solo milagro de la multiplicación de los panes, Esto,
a pesar de lo impresionante, era algo que ya el profeta Eliseo
había realizado, según nos lo hace saber la primera lectura
de hoy. De este profeta de los tiempos mesiánicos del Señor
Jesús había que esperar algo más, mucho más.
En los domingos siguientes vamos a
ver, mis hermanos, que el milagro es sólo una señal de algo
más trascendente que Jesús nos da: su Palabra y su persona misma
a través de la muerte. Los números: cinco mil personas, frente
a 2 peces y 5 panes, que reporte el texto no es necesario entenderlos
en sentido simbólico, sino que hay que entenderlos simplemente
como la expresión de la desproporción entre aquello de lo que
se sirvió Jesús y lo que realmente ofrece al creyente.
Mis amados hermanos y hermanas, ¡así
es la generosidad de un Dios que nos ofrece la vida, que nos
ofrece la vida verdadera, la vida eterna! En cambio, podríamos
ver en sentido simbólico la alusión a la verde hierba sobre
la que se tienden los comensales, pues, como buen conocedor
de la Escritura, san Juan probablemente piensa en Isaías que
dice: ciertamente, como hierba es el pueblo; se seca la hierba,
se marchita la flor, pero permanece para siempre la Palabra
de nuestro Dios (Is 40,7).
Mis amados hermanos y hermanas, otros
panes de otras hambres tiene plateada nuestra querida humanidad,
nosotros: la paz, el trabajo, la justicia, el amor, el respecto,
la esperanza, la fe, la verdad y un largo encender inmenso,
como grande es la humanidad. Son muchas las sangres de los hombres,
hoy nuestro mundo esta hambriento y está sediento. Quizás hay
quien espere de Dios un milagro sonoro y turbativo, un milagro
de Dios de algo divino.
Mientras que Jesús nos seguirá diciendo,
como entonces: denles ustedes de comer, busquen el pan adecuado
para estas hambres concretas. Entonces, mis amados hermanos,
sentiremos el mismo estupor y desbordamiento que sintieron los
discípulos en el Lago de Galilea. Jesús sigue haciendo milagros,
pero estos pasan por nuestras manos. Jesús sigue haciendo milagros,
pero esto pasan por nuestro corazón, por nuestros ojos, por
nuestros labios. Él necesita también de nuestros panes y nuestros
peces, para dar de comer a las multitudes de tan diversas hambres.
Hermanos, ¿seremos capaces de entregarle
a Jesús nuestros 5 panes y nuestros 2 peces? Nuestro país, nuestro
México, como todo el orbe atraviesa una de las peores crisis
de su historia. La economía familiar está en picada. La pobreza
por ingresos sigue siendo elevada. Casi cada uno de dos mexicanos
obtiene menos de 1,905 pesos al meses, en áreas urbanas y en
zonas rurales, mis hermanos, menos de 1, 282 pesos, por mes.
Cada vez más aumenta el número de personas en situaciones de
extrema pobreza, sin acceso a la educación, sin acceso a la
salud, sin acceso a la vivienda. La mitad de nuestra población
mexicana vive en pobreza y 37% en pobre extrema. Ante todo esto,
mis amados hermanos, no podemos quedarnos sólo contemplando,
ni con un espíritu negativo pesimista, esperando que papá gobierno
solucione los problemas o no sé quién.
Mis amados hermanos, ante todo esto
el milagro somos nosotros, el milagro somos cada uno de nosotros.
Si vivimos la solidaridad evangélica, si ofrecemos nuestra pequeñez.
Qué gran encíclica nos ha entregado el Papa Benedicto XVI, a
penas hace unos días, que por esa encíclica lo están lanzando
ya para premio novel de la paz. Porque los economistas no han
tenido la luz que nos arroja estas palabras del Papa Benedicto
XVI "Caritas in veritates" La Caridad en la
verdad.
Dios, mis amados hermanos, convierte
en grandeza, en signo nuestra pequeñez, nuestra nada, cuando
la ponemos en sus manos, cuando le decimos: Señor aquí están
mis 5 panes y mis 2 pescados. Y también la gente hoy, mis queridos
hermanos, quedará zaceada, siempre y cuando pongamos nuestros
5 panes y nuestros dos pescados en las manos del señor Jesús,
en las manos de nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe,
que desde hace 477 años lleva a nuestra patria , a nuestro país,
a nuestra América.
No vemos el hambre, mis hermanos, no
nos vemos como el pan que las manos de Jesús reparte, dejémonos
tomar, dejemos partir, dejémonos repartir, dejémonos ser milagro
para los demás. Ante el silencio de Dios está la voz del hombre
que debe convertirse en acciones concretas.
Mis amados hermanos y hermanas, aprendamos
de este pasaje del Evangelio de hoy: que no podemos quedarnos
ante Jesús, como alguien que está sólo para resolver nuestros
propios problemas materiales. Él quiere y está dispuesto a darnos
mucho más de lo que nosotros imaginamos.
Quiera nuestra Niña y Muchachita y
Celestial Señora Santa María de Guadalupe acompañarnos en estos
domingos, en esta escuela dominical, que es la Eucaristía para
aprender lo que su Hijo nos va a enseñar.
Amén.