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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el S. E. Mons.  Jonás Guerrero Corona, Vicario Episcopal de la VI Zona Pastoral, en el cuarto día del Dozavario en preparación de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.

LA FAMILIA, TRANSMISORA DE LAS VIRTUDES Y VALORES HUMANOS
4 de diciembre de 2008

En el espíritu del Adviento nos hemos congregado esta mañana para reconocer al Señor que nos salva, cuya encarnación y manifestación celebraremos en la Navidad y Epifanía próximas, por eso durantes estas semanas del Adviento, este itinerario que nos fortalece en la esperanza, dejamos que la Palabra del Señor nos ilumine a todos nosotros discípulos misioneros al servicio del Evangelio.

¡Qué grato escuchar esta mañana el gran proyecto de Dios para nosotros, su Iglesia solidamente construida sobre la roca firme, Jesús mismo! Cada una de ustedes familias católicas estructuradas con las diferentes dimensiones del amor familiar, sólida familia que camina en el Adviento hacia estas festividades del año celebrativo.

Mis hermanos presbíteros y diáconos, también, buscando en este Adviento la solidez que sólo Dios nos puede dar. Estamos situados en estos inicios del tercer milenio del cristianismo, en este tipo de sociedad en la que nos tocó vivir, y el Señor nos pone alerta, nos invita a vivir con esa solidez, que sólo Él nos puede dar.

Caminar con esta Iglesia particular hacia el VI Encuentro Mundial de las Familias, en enero próximo, es dejarnos iluminar por este Evangelio que llama a todas las familias a la solidez que encontramos en la Palabra que da vida, en los sacramentos que nos dan la vida plena, porque ese es el proyecto de Dios, no sólo nos anuncia la urgencia de la solidez del discípulo, de la familia de discípulos, de la Iglesia de discípulos. Él nos ofrece los recursos para lograr dicha solidez. Por eso es que el Papa Benedicto a elegido el tema de este VI encuentro: La Familia forjadora en valores humanos y cristianos.

Recordemos a Miqueas, el profeta, cuando anunciando como Dios iba a restaurar la humanidad caída, desecha, desintegrada en su entramado social, anuncia en el capítulo 3, verso 24: “convertiré los corazones de los padres a los hijos y de los hijos hacia los padres”, porque solamente en esta conversión en la que coincidan papás e hijos, hijos y papás, todos convertidos hacia una relación más humana, más cristiana y por lo tanto adecuada al proyecto de Dios. Miqueas anunciaba que el inicio de la salvación de la humanidad era esta interacción de los padres hacia los hijos y los hijos hacia los padres. Es ahí donde va a encontrarse la familia: diálogo en oración, escucha en convergencia, en unidad de valores, en búsqueda de la solidez de una familia auténticamente fincada en Cristo Jesús.

Padres de familia recuerden el día de su boda, el ministro que bendijo su matrimonio los envió a forjar un hogar. Un lugar signado por el Evangelio, un hogar católico, sólido, firme con un horizonte bien definido, que no puede ser otro que el horizonte marcado por Dios la familia en el plan de Dios. Esta solidez, que ustedes familia católica, comunidades religiosas católicas, presbiterios buscamos, todos, en esta perspectiva de ser la familia de Dios. Esta solidez solamente se da en los valores humanos y cristianos, nos dice el Papa y nos invita a festejarlo en el próximo enero, en este VI encuentro.

Todos nos quejamos de como está la sociedad, el anuncio de los medios de comunicación ayer: cada hora asesinan a un mexicano. Detrás de todo esto está una familia desintegrada, disfuncional, desecha, por un sin número de motivos, y de factores que ustedes conocen mejor que yo. En medio de esta sociedad que se deshace, el Adviento viene, nos lo dijo desde el primer domingo, el domingo pasado, que levantemos la cabeza, que levantemos la mirada, que la última palabra no la tienen los narcotraficantes, ni los secuestradores, ni la corrupción de nuestra patria que deshace el tejido social. La última palabra la tiene el Señor, que da esperanza. Él que nos ha hablado en el Evangelio, proclamado por el padre diácono. La casa construida: vendrán los vientos, vendrán los sismos, vendrá un tsunami, el fenómeno que ustedes quieran, esa casa sólida no se caerá, con la solidez que dan los valores humanos y cristianos. Valor: que vale la pena, lo que me sostiene, lo que me da identidad, lo que me fortalece. Valor: lo que me hace sólido en ese ejemplo paradigmático de Jesús: la casa construida sobre roca. Por eso papás no se cansen de hacer el bien. Adviento: papás no están solos el Señor, el Señor llega. Tenemos la certeza de nuestra fe, que el Señor está, a la manera de Dios, en el horizonte y en la perspectiva de Dios.

A veces nosotros quisiéramos que la historia se hiciera, se armara, se fortalecerá rápidamente, quizá cómodamente, Dios no procede así. Así como la Redención se fue dando desde el anuncio hasta la realización en Cristo y el reino de Dios vendrá en su fase última con la lentitud, con el proceso, con el progreso del día a día. Así papás en sus hogares forjar una familia en valores humanos y cristianos no es asunto de un día; no es asunto de meses; es asunto de toda la vida. Ahí donde ustedes papás van estructurando sus hogares en la relación: esponsal, filial, fraternal, paternal, y estructuran sus hogares a través de esas relaciones sostenidas por valores. Por todos estos recursos que ustedes piden al Señor dé sus dones para que se hagan frutos; piden al Espíritu Santo sostenga sus hogares con la solidez que nos habló el Evangelio.

Aquí están mis hermanos canónigos y capellanes desde este Santuario acompañando a los peregrinos en la fe, animados por María de Guadalupe, la mujer fuerte en la fe, peregrina de la fe. Ella, también, sostuvo un hogar con diferentes dificultades, con un sin número de obstáculos, recordemos simplemente el obstáculo: cuando José dudó que hacer con María, se habían celebrado los esponsales. María estaba embarazada y José no hallaba, que hacer. Ahí estaba la ley de Moisés, pero José hombre justo. Ahí estaba la cultura y diciendo que se hacia con una mujer desposada que había quedado embarazada fuera de la relación con su prometido. Sabes el desenlace el Espíritu Santo actuó y José dócil recibió a María en su casa. En esta relación de José y María, un obstáculo terrible, cultural, ahí estaba la ley de Moisés y José supo afrontar y María todo lo que experimentaría al ver a José dubitante, indeciso. Igual que ustedes esposos tiene que pasar un sin número de obstáculos y enfrentar un sin número de situaciones y en medio de ello su fe que le da solidez, sus valores que sostienen y estructuran su relación, su vida de papás, de esposos, van fortaleciendo sus familias, animándolas, dialogando, desafiando, van confrontando a sus hijos y los valores se van dando con los dones de Dios y la correspondencia de ustedes papás y de sus hijos.

Contemplar esta mañana a María de Guadalupe, la mujer del Adviento, es recordar todo lo que Ella vivió en esta dimensión familiar. El camino a Belén, el nacimiento donde Ella sin duda no lo hubiera querido nunca, lo que viene después del nacimiento, exiliados políticos, dirían ustedes en su lenguaje post-moderno, y todo lo que vivieron hasta el misterio pascual de Jesús y ya María sola. Una familia que afrontó su historia, que se dejo transformar en la historia, que dejó que el Espíritu Santo les condujera, pero familia que sigue siendo modelo para toda familia. La Sagrada Familia de Nazaret fincada en valores propios de su cultura y propios de su fe, fruto de su apertura al misterio, aquí estamos todos nosotros familia de Dios abiertos al misterio del Adviento que nos llevará a las festividades de Navidad y Epifanía. Abiertos al amor de Dios concientes que la última Palabra es la misma que fuera la primera Palabra en la creación ante el primer hogar de Adán y Eva.

Por eso esta mañana les invito a poner en el altar sus proyectos de familia; los proyectos de sus parroquias; el proyecto pastoral del Cabildo y el proyecto personal de cada uno en nuestro itinerario de fe. Concientes de que el Evangelio de hoy que nos desafía a ser discípulos, misioneros sólidos, en familias sólidas, en comunidades parroquiales sólidas, en comunidad del Cabildo y de esta Basílica y Santuario sólidos con la solidez que sólo el Señor nos da. Por eso iremos a la Eucaristía, ahí donde se nutre la esperanza, donde somos concientes cada vez con más profundidad que: el que come de este pan vivirá para siempre. No estamos simplemente sujetos al espacio y al tiempo, estamos visualizando el horizonte de Dios. La eternidad que ya está entre nosotros en signos y vendrá en plenitud en la totalidad del reino.

Que el proyecto, pues, del Papa Benedicto: Familia forjadora en valores humanos y cristianos. El empeño de todos ustedes familias signadas por el Evangelio para lograr con la ayuda del Espíritu Santo, como lo hicieran José y María en Nazaret, siga adelante sostenido por todos los recursos, que tu Iglesia Católica te ofrece, los regalos de Dios para nosotros no estamos solos, somos peregrinos que caminamos en la certeza del punto de llegada. Él único que nos sostiene y nos da la solidez: el Señor. El Señor de la historia, el alfa y omega, el nacido de María para nuestra salvación.

Les deseo a todos un Adviento lleno de esperanza en medio de las incertidumbres de cada día en esta época que nos tocó vivir. No olviden la última palabra no la tienen: los enemigos de la vida, los secuestradores, los que hacen el mal, los que están deshaciendo el entramado social a pesar de los pesares aquí estamos los católicos al pie de María de Guadalupe nutriendo nuestra esperanza. La última palabra es la del Señor aquí le diremos: tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre.

 
 
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