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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Rafael Romo Muñoz, Arzobispo de Tijuana, en ocasión del Día Migrante, en la Basílica de Guadalupe.

6 de septiembre de 2009

Muy queridos hermanos y hermanas, en este día dedicado, pues, mundialmente por la Iglesia en atención a los migrantes, es así por la Iglesia, por lo tanto a nivel mundial, queriendo vernos a todos como hermanos, como hijos de un mismo Padre, como una sola familia, unidos así fraternalmente, de hecho esa es la intención de Dios.

Dios, nuestro Padre, que lo contemplamos como un Dios en comunidad. Nuestra profesión de fe decimos: creo en un sólo Dios, que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo y creemos en la Iglesia. Que es justo el campo, el ambiente, donde vivimos esta nuestra fe donde alabamos al único Dios, que es nuestra forma, que es nuestro Redentor, que es nuestro Santificador.

La intensión de nuestro Padre Dios al hacer al hombre era el participar aun ser inteligente, como es el ser humano de toda la grandeza de la creación, sino hubiera el ser inteligente, que pudiera realmente disfrutar de todo esto ¿qué sentido tiene la creación? porque si Dios, como Dios que es, donde es todo bondad, todo santidad, todo amor, no podría haber de ninguna manera ese sentido egoísta, vanidoso, jactancioso de ver la creación entera lo que ha hecho y que todo le pertenece, pero no es eso. Él creó todo esto y puso al hombre para que disfrutara de Él. Naturalmente que el hombre, como creyente al disfrutar, descubrir y conocer la creación, pues, lógicamente eleva su corazón a Dios.

Vaya que el pasaje del Antiguo Testamento del libro de la Sabiduría donde él le dice, el escritor al ser humano: ¿qué es lo que te llama la atención de todo lo creado? la fuerza, la potencia que hay en Él; la hermosura, el orden, la inteligencia. Imagínate qué tan poderoso, qué tan inteligente no será el que hizo todo esto. Es decir: el hombre normalmente se levanta de todo cuanto está a su alrededor. Si es una persona sensata y justa eleva su corazón a Dios. Y elevando el corazón a Dios allí encuentra su propia razón de ser.

Ya san Pablo, también, en su Carta a los Romanos nos dice, expresamente que nadie puede excusarse de descubrir a Dios, porque Dios se hace patente por sus obras, por la creación entera. Y nosotros podemos entrar en la realidad de la creación y descubrir increíblemente a Dios. Sea por lo que está fuera de nosotros y que es impresionante como esto del Universo fuera a entrar a nosotros mismo y descubrir lo grandioso de nuestro ser humano. La creatura de una manera muy simple, mientras venia para acá estando en el aeropuerto hoy por la mañana, veía a unos niños, cinco, seis, siete años, jugando esperando la salida de su vuelo, como yo también. Pensaba en eso todos con nuestros rasgos distintos, pero todos tenemos los mismos miembros. Que sabiduría de Dios de que absolutamente la generación humana está perfectamente programada por Dios, por eso podemos descubrir a Dios entorno a nosotros. Pero, siempre hay él pero, el hombre está lastimado en su corazón, y desgraciadamente por eso va en contra de lo que es Dios. Y mientras que Dios es amor, mientras que Dios es comunidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El ser humano se hace egoísta y como egoísta busca siempre lo que es en beneficio suyo y no de los demás.

Y por esto tenemos esta realidad tan tremenda que nos lacera, lo que hoy estamos considerando y reflexionando. La realidad de nuestros hermanos migrantes, por todo el mundo, como nos dice el sacerdote que escribe para quienes tienen el folleto, que escribe una reflexión después de lo que es el esquema de la misa. Expone, él, como vagamos por el mundo, unos vagan como turistas, otros vagan por negocios, otros vagan por necesidad. Aquellos que son migrantes son lo que vagan por necesidad, que tienen que ir de un lado a otro, porque necesitan encontrar algo, que pueda deberás aligerar su necesidad en la vida. La de ellos, su propia vida y también la de los suyos que se quedan en su lugar de origen. Y estos hermanos nuestros lamentablemente son tan maltratados, tratados tan mal.

Aquí nosotros como mexicanos, tanto que pedimos a los Estados Unidos que tenga el tema de migrantes dentro de su programa y que pueda haber una actitud de apertura generosa de mejor trato, etc. ¿Cómo tratamos a los migrantes que vienen de las regiones del Sur, de América del Centro y de América del Sur y del Caribe? ¿cómo los tratamos? lo sabemos nosotros los que estamos metidos en esto, que los tratamos peor nosotros a ellos, que como a nosotros nos tratan en el Norte. Sufrimos con lo que acótense con nuestro hermanos a quienes regresan, porque les destruyen su vida familiar, desintegran la familia, todavía más lacerante, ¿qué hacemos nosotros por los hermanos que vienen del Sur? Eso y más cosas.

Yo estoy en Tijuana, soy el Obispo de Tijuana. Estamos viendo, deberás, con dolor la deportación, como desechan de Estados Unidos a tantos que ellos llaman ilegales y que simplemente los sueltan pasando la frontera, bueno no tan simplemente es muy complicado. ¿Qué hacen aquellos que nos dejan ahí en Tijuana, que no son tijuanenses? muchos de ellos si son de nuestro país, pero muchos otros son de fuera del país y sin embargo ahí están abandonados y de una manera verdaderamente lastimosa. Esto no puede estar en los ojos de Dios y mirar Dios con agrado esto. Nosotros estamos hechos, pues, en la búsqueda realmente de un encuentro con Dios. Todos, todos nosotros tenemos necesidad de encontrarnos con Dios, que es estar ahorita aquí a los pies de la Santísima Virgen de este Acontecimiento Mariano tan indescriptible, tan singular para México y sentirnos aquí con esta dicha, con este honor de estar a los pies de la Virgen, celebrando este acontecimiento, este asunto, que nos puede tanto y que lo ponemos en sus manos.

Ella misma nos dice: ¿no estás tú en el hueco de mis manos?, ¿no estás tú en mi regazo? No te preocupes… Sí, pero para que acontezca esto se requiere tener fe y una fe que nos une a todos y esto es la realidad, porque todos creemos en un solo Dios. Todos sabemos que somos creaturas suyas y que estamos llamados a ser verdaderamente hermanos. Esta realidad tan singular nos invita a estudiar a fondo ¿qué estamos haciendo? ¿cuál es mi posición? Ante un Dios generoso lleno de amor, de quien yo soy imagen. Cada unos de nosotros, estoy hablando como si estuviera pensando en voz alta, puede decir: yo soy imagen de este Dios lleno de bondad y de amor. Si eres imagen, pues, que sea una imagen buena, que sea una imagen que refleje deberás la bondad, el amor, la verdad, el interés por los demás, el compromiso por los demás a esto estamos invitados todos.

Nos hemos nosotros reunido en este día para elevar nuestro corazón al Señor por intercesión de María con este fin, que podamos llegar deberás a contemplarnos unos a otros como hermanos. A que nos esforcemos todos por poner aquel detalle que se necesita para que vivamos en la paz. Nuestra oración es por todo el ser humano, por los pobres migrantes, que buscando la posibilidad de una situación mejor son tan vilipendiados en su camino, pero también por aquellos que les hacen daño, también por ellos debemos pedir, porque también son imagen de Dios, también son hermanos nuestros, también son hijos del mismo Padre, y entonces debemos orar por todos. Este momento de oración es fundamentalmente: Señor mira a tus hijos tan necesitados, los que sin ninguna culpa buscan un mejor modo de vida, míralos con amor, pero también te pedimos por aquellos que están distorsionando tu imagen en su corazón. Que sean capaces de abrir su corazón y decir: Dios me quiere, también a mi Dios me quiere ¿cómo es que yo ando en estos pasos tan equivocados? ¿cómo es que estoy dañando a tantos hermanos, que son verdaderamente mis hermanos? Y que de esta manera, deberás, todos, todos, fundamentados en este único sentir de Dios, podamos caminar por los mejores senderos. Los senderos, como nos dice la oración que normalmente decimos aquí en esta Basílica, hoy usamos otros textos, pero normalmente decimos: Señor haz que por intercesión de María de Guadalupe nuestro pueblo se fortalezca en la fe y crezca por senderos de justicia y de paz.

Pues, que de esta manera el Señor, por intercesión de María nos acompañe y nos ayude a crecer deberás fraternalmente por senderos de justicia y de paz.

Nos ponemos de pie.

 
 
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