Mis amados hermanos, los invito a que meditemos, a que interioricemos
la Palabra de Dios, que nos ha entregado en este día tan especial
para nosotros, en el que celebramos al Sagrado Corazón de Jesús.
Una fiesta que ha cuajado profundamente en nuestro pueblo cristiano
y por eso a pesar, especialmente mañana, de que se un día laborable
y no de precepto, pues, tiene esta categoría de solemnidad y mucha
gente acude a la Iglesia para celebrarla. Especialmente, algunos,
que suelen hacerlo, llamados nueve primeros viernes. Que
hace una buena confesión, por cierto hay confesores para que ustedes
se acerquen a este sacramento, y recibir después de esa buena confesión
el Sacramento de la Eucaristía, sacramento del amor divino.
Mis amados hermanos, toda la liturgia de esta fiesta quiere
subrayar el amor y la ternura de Dios hacia la humanidad convenzámonos
de esto: Dios nos ama locamente, Dios se ha esposado con nosotros
en su Hijo Jesucristo. Miren, desde la creación toda la Sagrada
Escritura es la narración de esa historia de salvación. El Antiguo
Testamento es la historia, diríamos, continuada del amor de Dios
y la infidelidad de los hombres. Pero, a pesar del pecado y de la
infidelidad humana, siempre queda la misericordia de Dios, siempre
triunfa el amor y la misericordia de Dios, una historia que encuentra
en Jesucristo la plenitud. Él es la encarnación de Dios. Él es diríamos
la humanización del amor de Dios, por tanto, del amor de Dios una
historia que en Él tiene plenitud. Él es la encarnación de Dios
y la plenitud de su amor, con sus palabras, con sus obras y sobretodo
con su muerte y resurrección se ha llevado acabo la alianza nueva
y eterna de Dios con la humanidad. De hecho, mis amados hermanos,
Dios se ha presentado siempre en la Sagrada Escritura con un rostro
humano, como un Dios compasivo, como un Dios misericordioso, como
un Dios lento a la ira y rico en clemencia.
Nuestra Niña y Muchachita, Santa María de Guadalupe es el trasunto
de Dios, es el reflejo de este amor de Dios, ¿quién de nosotros
sólo al contemplarla no nos sentimos destrozados de emoción en el
corazón al contemplar la ternura de esta Señora y esta Madre nuestra?
Es por eso que todos venimos con gusto a la casita de la Señora,
como hoy ha venido nuestro hermano el “Místico”, este hombre jovencito,
de mirada azul celeste, de mascara en plata y oro que hoy viene
a presentarse a los pies de nuestra Niña y Madrecita, Santa María
de Guadalupe para darle gracias por los favores recibidos en su
carrera profesional. Como decía hace un momento: nacido en el barrio
bravo de Tepito, verdad, el “Místico” luchador profesional mexicano
que actualmente pertenece al Consejo Mundial de Lucha Libre y considerado
como uno de los luchadores mexicanos más populares, reconocido por
la originalidad de su mascara, que sobre sale de entre muchas, aquí
estamos viendo muchas mascaras y la del “Místico” sobresale de todas
ellas desafortunadamente la vida no ha sido fácil para este luchador.
Ya que por unos años deambulo por las calles hasta que llegó
a su vida, el también luchador y buen hombre Fray Tormenta, seguramente
habrán visto ustedes por ahí a Fray Tormenta en la televisión
y en los medios. Y una de sus aspiraciones fue aprender de este
singular luchador el arte del Pancracio, pero Fray Tormenta se negó
a enseñarlo. Fue este jovencito el que a escondidas aprendió el
arte del cuadrilátero de la mejor casa del ring que es la Arena
México. En la que estaremos este fin de semana, verdad, en este
sábado 20 y también el sábado 27, pero en otro tipo de lucha, en
otro tipo de contienda.
Mis hermanos, a prepararnos, a disponernos todos, a luchar
contra el mal, a enfrentarnos a la cultura de la muerte y poder
con la gracia de Dios construir la civilización del amor. Este amor
del que hoy nos habla, pues, la Sagrada Escritura en la Palabra
que hemos proclamado. Fíjense, como el corazón es una imagen, diría
un concepto humano muy propio y adecuado para significar el amor
y la ternura. Los sentimientos están en el corazón, las personas
que aman, decimos nosotros, tiene un buen corazón, es persona de
buen corazón. Y a veces cuando regalamos algo, como para poner énfasis
en la generosidad, no es en la alegría de dar algo, decimos: te
lo doy de todo corazón, ahí está puesto mi corazón. Como “Místico”
ha puesto su corazón en esta su profesión en la lucha, en lo que
él realiza, en lo que él hace. Cuando decimos: de te lo doy de todo
corazón, es que estamos diciéndole te lo doy con mucho amor, te
amo. Por eso al hablar del amor de Dios y concretado en el amor
de Jesús, también, a imagen del corazón es muy adecuado y miren
en la imagen del Sagrado Corazón de Jesús está concentrado todo
este amor, toda esa misericordia y al venerar el corazón de Jesús
estamos agradeciendo todo ese amor de Dios hacía nosotros. Si nosotros
vamos al Viejo Testamento vamos a encontrar como lo hemos escuchado
hoy en el Libro del profeta Oseas: como Dios se conmueve ante nosotros,
ante el pueblo de Israel. Le dice al Señor: fíjense con que ternura
le habla el Señor a pueblo de Israel, al pueblo infiel que le da
la espalda, que lo traiciona y sin embargo, cuando Israel era niño
dice yo lo amé. Y de Egipto llamé a mi hijo, yo fui quien le enseñó
a andar a Efraín, yo quien lo llevaba en brazos, pero no comprendieron
que yo cuidaba de ellos. Así es Dios con nosotros, como un Padre
que nos anima, que nos alienta, que nos impulsa, que nos lleva de
la mano, que nos toma en sus brazos. Dice, el Señor: mi corazón
se conmueve dentro de mí y se inflama todo, toda mi compasión.
Fíjense: mi corazón se conmueve dentro de mí, ¡qué hermoso!
El corazón nuevo que Dios da a su pueblo, cuando transforma su corazón
de piedra en un corazón de carne, recordemos al profeta Ezequiel.
Y lo hemos escuchado en el trozo del Evangelio de san Juan proclamado
hace un momento, como el evangelista, nos dice: que estando Jesús
ya muerto, uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado
y al punto salió sangre y agua.
El prefacio que entonaremos dentro de un momento va a insistir
también en esta idea, cuando habla de la entrega de Jesús por nosotros
con un amor admirable en el leño de la cruz, en el madero de la
cruz, añadiendo que de su corazón traspasado brotaron con el agua
y la sangre los sacramentos de la Iglesia. Para que así acercándose
al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de
la fuente de la salvación.
Amados hermanos, destaquemos, pues, esta idea que del corazón
de Jesús brotan los sacramentos de la Iglesia, el agua del bautismo,
la Sangre de la Eucaristía, fuente de salvación donde todos podemos
acudir a beber. Yo los invito, mis queridos hermanos, que fijemos
en Jesús nuestra mirada y redescubramos su corazón, y más que redescubrirlo
que entremos en su corazón y palpemos su amor, palpemos su inmenso
amor por nosotros, fijémonos en Él y contemplémoslo. Él nos ayudará,
Él nos dará su Espíritu para vibrar al unisono de este corazón.
Todos sabemos que Jesús nos amaba apasionadamente, locamente
porque valemos su sangre preciosa y tenemos que estar bien convencidos
de esto. Esta firme convicción, mis amados hermanos, puede cambiar
totalmente nuestra vida. En Jesús hemos conocido y conocemos el
amor, el afecto, la ternura de Dios. Este hermano nuestro el “Místico”
que hoy viene a dar gracias al Señor y que él precisamente usa este
nombre, verdad, como religiosamente, pues, que también, lo viva,
que viva en este misticismo de encontrarse con Dios, de encontrarse
con Dios en corazón de Jesús y desde el corazón de Jesús verdad,
que bello es esto, mis hermanos.
San Lucas, sobretodo es él que nos lleva a pulsar diríamos
las cuerdas de este corazón de Jesús, ahí en el capítulo 15, cuando
nos entregan 3 hermosas parábolas, que nos hablan de cuanto nos
ama. Y que comienza el evangelista definiendo a Jesús: el que
come con pecadores, el que está con pecadores, a eso vino Jesús;
sintámonos atraídos a su corazón santísimo; sintámonos inflamados
por el fuego del Espíritu Santo.
Amados hermanos, pensemos en esto: en Jesús hemos conocido
y hemos reconocido, pero sobretodo saboreado, y debemos saborear
el amor, el afecto y la ternura de nuestro Padre Dios. Este corazón
de Jesús que nos trajo la Señora del Cielo y que nos permite encontrarnos
con Él desde el corazón de esta Señora del Cielo. Fíjense, como
Ella está pequeñita, diminuta aquí en este gran retablo, presidido
precisamente por la cruz, para hablarnos ¿cuánto nos ama Dios? ¿cuánto
nos ama Jesús? Y la Señora pequeñita está ahí para llevarnos a Jesús,
para introducirnos en una relación íntima con Jesús.
Pensemos en esto, mis amados hermanos, todos reconocemos y
conocemos a personas buenas, muy buenas, personas extraordinarias
que aman o han amado mucho, muchísimo, pensemos cuánto nos ha amado
el Señor, Cristo Jesús. Cuando hablamos de estas personas decimos
que tienen un buen corazón. Un corazón muy grande, por eso podemos
entender muy bien el sentido de esta Fiesta del Corazón de Jesús,
Jesús nos ama más que las personas que nos aman, que más nos quieren,
Jesús nos ama entrañablemente y siempre. Y tan nos ama entrañablemente,
mis amados hermanos, que se ha metido dentro de nuestro corazón,
en el Espíritu santo. Por eso el Espíritu Santo es el Dios entrañado,
el Dios que está en nuestras entrañas y desde ahí nos enseña amar,
nos mueve al amor. Él ha dado, Cristo Jesús, la vida por nosotros,
su amor, su corazón es inmenso, diríamos: es el único. Que así todos
les correspondamos a este amor, nosotros solemos decir, popularmente,
sencillamente: amor con amor se paga.
Mis hermanos, si llegamos a experimentar este amor infinito
de Dios paguémosle amando como Él nos ama entregándooslo a los demás,
como Él se ha entregado por nosotros y esto es lo que le deseamos
a este hermanos nuestro “Místico” que viene hoy contento y feliz
a dar gracias a la Morenita del Tepeyac y a través de Ella al Padre
Bueno, al corazón de Jesús por estos 5 años de vida profesional,
por estos 5 años de luchas, de esfuerzos, verdad, en esta su profesión.
Pues, pensemos todos en esto, pensemos en esta Palabra, unámonos
a las intenciones de este hermanos nuestro el “Místico”.