27 de febrero de 2009
Mis amados hermanos, ¡qué alegría recibir esta tarde a este
grupo numeroso de hermanos nuestros del Sindicato Único de Trabajadores
Sección Uno de Limpia y Transporte del Distrito Federal y al Comité
Ejecutivo Seccional 2006-2009! Para honrar a la Morenita del Tepeyac,
para honrar a la Madre, a la dulce Señora Santa María de Guadalupe,
que camina a nuestro lado y que nos motiva para saber escuchar la
Palabra de Dios. Aquí está Ella desde hace 477 años, diciéndonos:
“hagan lo que mi Hijo les pida. Hagan lo que mi Hijo les diga”.
Y hoy, mis hermanos, fíjense que Palabra de Dios tan hermosa
hemos proclamado. En el Evangelio de hoy Jesús insiste en que la alegría
sea primero, el amor en el servicio sea primero. Antes del ayuno,
antes de sacrificio hay la alegría de estar con el Esposo, con Dios.
Los compañeros del esposo, dice ahí,¿los amigos del novio del esposo
deben ayunar mientras el esposo está con ellos?
Ayunar es bueno, dice Jesús. Ayunar es bueno, dice Dios, pero
no es lo esencial. Lo esencial, y ojala lo grabemos muy bien en nuestro
corazón, es respetar al prójimo, es no explotarle, no considerarlo
como un objeto, que ponemos a nuestro provecho. Por eso hoy hemos
venido, han venido hermanos de está Sección Limpia y Transporte a
decirle a nuestro Señor, a decirle a nuestra Virgencita de Guadalupe:
¡ayúdenos, a no buscar con avidez nuestra ventaja, y menos si hay
detrimento para los demás! ¡ayúdenos, a cada hombre a no explotar
a otro hombre, en nuestras vidas de familia en nuestro trabajo, en
nuestras relaciones! ¡Ayúdenos, a no ser exigentes, ni duros, ni atropelladores,
ni tajantes! ¡Señor que renunciemos a los pleitos, a los insultos,
a las disputas, a las crellas. Que nosotros ayunemos, pero ayunemos
de hacer el mal, que nuestro ayuno sea, como dice bien claro el Señor:
desatar los lazos de la maldad.
Mis amados hermanos, privarse de ocasionar pleitos y atropellos,
de palabras hirientes y majaderas, es más necesario que privarse de
alimento, que privarse de golosinas. Esto es lo que espera el Señor
de nosotros, es lo que espera de ti, de cada uno.
Mis amados hermanos, si todos los cristianos pudiéramos oír
este llamado del Señor, esta Palabra del Señor, no viviríamos este
clima de violencia, de inseguridad en la ciudad. No viviríamos esta
situación del narcotráfico, de la injusticia, de la mentira, de la
corrupción. Si tu pueblo Señor aceptará dejarse interrogar sobre estas
cuestiones sobre cuarenta días al año, que es la Cuaresma, nuestro
México, nuestro mundo sería diferente y distinto.
Amados hermanos, ¿cuál sería la renovación de la sociedad humana,
con esta levadura del Evangelio, con esta cultura del perdón, de la
justicia, de la paz, con este empeño nuestro de construir la civilización
del amor? ¡Qué revolución sin violencia sería la Iglesia en medio
del mundo! Y la Iglesia que somos cada uno de nosotros, cada uno de
ustedes aquí presentes.
Mis hermanos, que fermento en esta hermosa Ciudad de México
y que la afeamos con la basura de nuestro pecado. Ustedes que limpian
la ciudad, ustedes que conducen el transporte en la ciudad, también,
piensen en realizar su trabajo, que tienen que limpiarse y limpiar
su entorno de esas basuras del corazón, de esas basuras del interior:
llámese mentira, llámese rencor, odio, violencia, drogadicción, alcoholismo,
llámase injusticia, etc., todo lo que es la cultura de muerte, todo
lo que nos induce a la muerte.
Hoy hemos venido a visitar a la Señora de la vida, a la que
nos centra en el arraigadísimo Dios por quien se vive, Jesucristo,
el Señor. Miren, como se interrogan estos discípulos del Bautista
y de los fariseos ¿cómo es que ayunando nosotros y los fariseos, Jesús
tus discípulos no ayunan? Mis hermanos, miren, los discípulos de Juan
Bautista están extrañados, ellos y los fariseos ayunaban, hacían sacrificios
austeros, se primaban a de varias cosas, por generosidad iban más
allá de la observancia judía legal. En cambio el Señor Jesús y su
grupo de discípulos se presentaban como gente abierta, como gente
felices que no ayunaban, eso deberíamos hacer siempre nosotros, presentarnos
ante los demás nosotros creyentes, y yo creo que ustedes son cristianos,
creyentes por eso han venido a ver a la Virgencita de Guadalupe. Supongo
que ustedes son discípulos de Cristo Jesús, que sean como los que
hoy nos presenta el Evangelio abiertos, de anchos horizontes, felices,
porque su seguridad está en el Señor Jesús, porque su seguridad, su
firmeza, su alegría brota de su comunión con Cristo Jesús, del Esposo.
Fíjense, mis amados hermanos, enseguida dice Jesús: ¿los compañeros,
los amigos del esposo pueden por ventura llorar mientras está el esposo
con ellos? La imagen del esposo era bien conocida por los judíos.
La
Sagrada Escritura, la Biblia, en ella encontramos este símbolo y es
usado muchísimas veces, lo encontramos sobretodo en los profetas en
Isaías, en Oseas, en Jeremías. Por ejemplo, Isaías dice: Dios ama
pueblo su pueblo, Dios es el Esposo, no te llamarán ya más la despreciada,
la abandonada, sino que te llamarán mi complacencia, mi desposada.
Como la esposa hace las delicias del esposo, así harás tú las delicias
de tu Dios. Y luego el profeta Oseas, que es hermosísimo este
libro, dice, ahí precisamente: Dios, bien claro, es el Esposo y
el pueblo es la esposa. La seduciré, le hablo a esta esposa que
se prostituye, que se va con amantes, con dioses falsos, la seduciré,
la llevaré al desierto y le hablaré al corazón y ahí me responderá
y cantará como en los días de su juventud.
Mis amados hermanos, llegamos a la revelación plena, llegamos
a Jesucristo. Jesús se presenta, como el esposo mesiánico para justificar
la alegría, es decir: la ausencia de ayuno de sus discípulos. Jesús
los presenta como sus amigos, comos los compañeros del Esposo. Sí,
mis amados hermanos, ha llegado el Esposo de la humanidad, no hay
que estar tristes, primero es el amor, primero es entrar en contacto
con el Esposo. Fíjense, nosotros lo cantamos muy sencillamente en
un cantito cuando exponemos a su divina Majestad, al divino Esposo
en la Santa Eucaristía. Recordarán ese canto que cantamos: Cantemos
al amor de los amores. Cantemos al amor de los amores. Cantemos al
Señor. Dios está aquí venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.
Exactamente, Cristo Redentor es el Esposo, es el amor de los
amores, Él es el Esposo. Ha llegado este Esposo de la humanidad. La
Navidad son los desposorios de Dios con la humanidad, quizá tenga
yo tendencias como el fariseo hacer de la Cuaresma un tiempo de luto,
de rigidez, de austeridad. Miren, para Jesús el divino Esposo es ante
todo tiempo de amor, el Esposo está con su Iglesia, el Esposo está
con nosotros, Dios está con nosotros.
Amados hermanos, pensemos en esto, reflexionemos en esta Palabra.
Cristo Jesús descendió de su condición divina a compartir nuestra
suerte. El eterno se hizo tiempo, el Todo Poderoso se hizo frágil,
débil, vivió pobre y desamparado, despreciado, sufrió hambre. Jesús
sufrió cansancio, escasez, incomprensión, ingratitud, opresión, muerte
injusta en el madero de la cruz y murió por solidaridad y por amor
a todos y a cada uno de nosotros, para librarnos profundamente del
mal, de toda opresión y esclavitud exterior e interior. Esta es su
acción mesiánica y por esto la gloria del Padre, su presencia y amor,
iban con Él. Y Él venció y resucitó y por eso nos pide que en el madero
de la cruz pongamos nuestra basura, pongamos nuestras porquerías.
Recordarán ustedes, a un tiempo atrás, ese anuncio en la radio
y en la televisión: ponga la basura en su lugar. Pues, mis
hermanos, la basura nuestra hay que ponerla en el lugar de la cruz.
Ahí está: creen en Jesucristo es el divino basurero. Jesucristo en
la cruz es el divino basurero. El Esposo quiere que ahí pongamos nuestra
basura; que ahí pongamos nuestras porquerías; que ahí pongamos nuestras
miserias. Nuestros sentimientos de odio, de rencor, de envidia, que
ahí en la cruz pongamos la basura de la injusticia, la basura de la
corrupción, la basura de la explotación, la basura de la amenaza,
del grito, de la violencia, la basura del pecado en una palabra, ahí.
Cristo mure, pero resucita. Resucitado y poderoso sigue empeñado en
su acción mesiánica y la Santa Eucaristía, la Santa Misa, que estamos
celebrando es el sacramento por el que Cristo quiere entrar hondo
en nuestras vidas para librarnos, para comprometernos a encarnar su
acción liberadora en favor de los hombres de hoy.
Amados hermanos y hermanas de la Primera Sección Limpia y Transporte
del Distrito Federal es necesario que nuestra Eucaristía de verdad
sea signo en este mundo de la acción mesiánica y liberadora de Cristo
a favor de todos los que sufren. Expresemos en esta Santa Misa nuestra
solidaridad y amor a los que necesitados, a los desgraciados, a los
que padecen opresión íntima, interna o externa nadie se escandalicé
porque es necesario que Cristo viva en su Iglesia claramente enfrentado
a todo el mal que inunda el mundo. Es preciso que viva en estado de
muerte redentora, sin odio y con amor, pero víctima por su inequívoca
postura.
Amados hermanos y hermanas, no falseemos la muerte de Cristo,
en nuestras Eucaristías y en nuestras misas desencadenándolas del
mundo en el que somos testigos del amor libertador de Cristo y en
este empeño, en este esfuerzo vamos a continuar con nuestra Santa
Misa. La Virgencita, la Muchachita del Tepeyac nos mantenga unidos
a Cristo. Ella a la que le estamos cantando en estos días: Madre
limpia de pecado, Tú que contemplas misericordiosamente nuestras miserias
intercede por nosotros.
Que Ella que los contempla ahora hermanos de la Sección Uno
de Limpia y Transporte del D.F., nos mire con misericordia, con bondad
y los lleve a ser verdaderos discípulos de su Hijo Jesucristo. Instaurando
el Reino de Dios ahí en su trabajo, ahí donde ustedes barren, donde
ustedes conducen los autobuses, los trolebuses… los transportes de
esta gran Ciudad de México.
Pensando en esto pongámonos de pie.
Que así sea.