Amados
hermanos:
1.- El tema central de nuestra predicación es el buscar ser
mejores ciudadanos a través de nuestra unión con Dios, así nos
lo propone Cristo en el pasaje de su Evangelio, en Marcos 12,
13-17.
Nos dice con claridad que se acercaron unos fariseos a Jesús para
sorprenderle en alguna palabra, o algo con qué poder acusarle.
Con este fin le preguntan maliciosamente si es lícito pagar
el tributo al César, se trataba del impuesto que todos los Judíos
debían pagar a Roma.
No era muy gravoso, sin embargo, planteaba un problema político
y moral, en virtud de que era un impuesto que les recordaba a
los judíos su dependencia de un poder extranjero.
Tomar partido a favor o en contra significaba en el fondo, manifestarse
a favor o en contra del poder ocupante, si bien en su mayoría
repudiaban- el impuesto, manifestando su opinión, así podía una
vez más suscitar una verdadera rebelión del pueblo en contra de
las "Águilas Romanas."
Ciertamente, durante la pasión de Nuestro Señor Jesucristo será
la acusación más fuerte que le hagan para buscar su muerte, cosa
totalmente calumniosa: Hemos encontrado a éste pervirtiendo al
pueblo; prohíbe pagar el tributo al César, ''Emperador de Roma".
(Lc. 23, 2)
2.- En esta ocasión como en muchas otras, Jesús conociendo
la malicia de su pregunta, les responde directamente a su argumento
tendencioso: muéstrenme un denario, o sea la moneda en circulación
de su tiempo y vean con sus ojos la inscripción que tiene, así
como identifiquen el personaje que aparece en una de las caras
de la moneda, ¿de quién es la imagen?.
Contestaron del César, pues den al César lo que es del César y
a Dios 10 que es de Dios, así los dejó desconcertados por la sencillez
y a la vez hondura de su respuesta.
3. - Jesús no elude la cuestión, sino que la sitúa en sus verdaderos
términos, se trata de que el Estado, el Gobierno de un País, no
se eleve por encima de Dios y de la Iglesia por Él instituida,
debe respetarse la conciencia y la libertad religiosa de sus ciudadanos,
custodiar el respeto inherente a la condición de persona e hijo
de Dios y guardar una ética moral, unos principios que atiendan
a la naturaleza propia del ser humano, su racionalidad y religiosidad
inherentes a todo hombre y mujer por haber sido creados a imagen
y semejanza de Dios. Todo esto se pierde en la, guerra y en las
violencias suscitadas por la ambición de poder.
4. - Por su parte la Iglesia debe atenerse al ámbito de su
terreno que es el religioso, no debe tomar partido en cuestiones
temporales cambiantes y relativas, el laico o seglar cristiano
elige sus opciones políticas, sociales o profesionales desde sus
convicciones, aportando a la sociedad una nueva visión sobre el
hombre, su dignidad y el destino eterno al cual está llamado ser
buenos cristianos nos impulsará a ser buenos ciudadanos.
Pues nuestra fe nos mueve constantemente a ser buenos estudiantes,
madres de familia abnegadas que sacan fuerzas de su fe y de su
amor para llevar la familia adelante, empresarios justos, etc.;
El ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo a todos nos lleva a ser
responsables en nuestro trabajo, laboriosos no por el deseo de
acumulación de dinero, sino más bien por el servicio a la comunidad.
El amor de Dios si es verdadero constituye una garantía del amor
a los hombres que necesariamente se manifiesta en buenas obras.
5.- Procuremos amar y respetar las normas de una convivencia
sólida moralmente, en la cual se respete el ejercicio de la legalidad
de la honradez y del amor a la verdad y honestidad de costumbres,
de este modo habremos de lograr un verdadero cambio en nuestra
sociedad contemporánea.
Los cristianos estamos llamados a un verdadero cambio de toda
la humanidad que en la actualidad nos parece un tanto caótica
por la pérdida de valores morales, espirituales y religiosos.
Con nuestro vivir moralmente recto y sencillo estamos construyendo
nuevos cielos y Nueva tierra", dice San Pedro en su segunda
carta canónica, sin embargo, esa nueva historia de la humanidad
no es inventada por el hombre, éste sólo va quitando los obstáculos
para poder recibir lo que únicamente Dios puede damos con su gracia
y su amor. (TI Pedro, 3, 12-18)
Pidamos con verdadera humildad a Santa María de Guadalupe,
Madre de Dios y Madre nuestra, que por sus manos pase el cúmulo
de gracias que vienen de su Hijo Jesucristo, verdadero Dios y
verdadero Hombre, para forjar una Patria fundamentada en la honestidad
la verdad y el respeto a todos los Derechos Humanos.
Edmundo Ortega Tirado, canónigo emérito de la Basílica de Santa
María de Guadalupe. |
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