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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. José Álvarez Barrón, Canónigo Honorario Emérito, en ocasión de la peregrinación de la Cooperativa Cruz Azul, en la Basílica de Guadalupe.

27 de junio de 2006

La Virgen Santísima de Guadalupe se encaminó presurosa a las montañas de Judea, no muy lejos de Jerusalén.

Ella vivía bastante retirado, quizás necesitó unos cinco o seis días caminando para llegar a ese lugar y visitar a su prima santa Isabel, que iba a ser madre, que iba a tener un hijo, a san Juan Bautista.

Y cuando llega María a la casa de su prima santa Isabel, el niño que iba a nacer ya muy pronto, saltó de gozo en su seno.

María quiso asistir a ese nacimiento trayendo la Alegría, la Salvación, a aquel niño que iba a ser su precursor.

También, hace 475 años que María se encaminó presurosa a unas montañas a las del Tepeyac, porque iba a nacer un niño, ese niño iba a ser México, por eso precisamente lo demuestra de muchas maneras.

Ante todo se presenta con un rostro no de española, no de judía, no de indígena; sino un rostro moreno, mestizo, como que quiso ser la primera Madre de este pueblo mexicano, que iba a formarse precisamente con esa mezcla, con esa unión de dos grandes pueblos; el pueblo español y el pueblo que poblaba estos lugares, el pueblo indígena.  

Pero cosa muy especial fue que en México hubiera realmente un verdadero mestizaje, hay países en toda América, pero en ninguno se hizo ese mestizaje, siempre hubo separación de blancos y de indígenas o de gente de razón y la gente indígena.

Aquí en México aunque quedaron restos de esa separación, sin embargo, lo principal fue el mestizaje.

Y María quiso ser la Madre, como decía, de ese mestizaje y para eso se aparece a un indígena, no aun español. Pero a ese indígena le manda que se presente al obispo, a un español, para que le haga conocer su voluntad.

Que quiere que se le edifique una casa, un templo, en este lugar donde se mostrará Madre, tierna y cariñosa con todos los que la invoquen.

Pues, María Santísima podemos decir en su vocación de Guadalupe es la fundadora del pueblo mexicano y por eso todos los mexicanos tenemos ese cariño, ese amor tan grande.

Hubo, un escritor mexicano famoso en el siglo antepasado, don Ignacio Manuel Altamirano. Muy famoso porque él era un indígena, nació en Tuxtla en el estado de Guerrero, muy cerca de la capital. Pues, un indígena que hasta adolescente fue cuando empezó aprender el español.

Después viendo su inteligencia pudo entrar a la escuela, después al instituto que había en Toluca en esa época y después se vino México.

Ocupó todos los cargos digamos dentro de la política. Fue gran amigo del Lic. Benito Juárez.

Pues, este hombre liberal, que podríamos decir que no era muy católico, sino que profesaba esas ideas liberales, de entonces del estado laical. Sin embargo, entre sus libros, entre sus escritos, porque escribió mucho, fue fundador de 2 revistas aquí en México allá por los años 1870, 1880.

Escribió también un artículo bastante largo sobre las fiestas de la Virgen de Guadalupe aquí en la Basílica, aquí en la ciudad de México.

Y además no únicamente las describe, sino que es defensor de las apariciones de la Virgen. Va uno con uno, de los que estaban en contra, que no le admitían las apariciones, iba diciéndoles están equivocados y les pone pruebas de las apariciones de la Virgen.

Y termina su artículo bastante largo con las siguientes palabras, dice: “el día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual”.

Un hombre liberal, uno que no era muy católico, sin embargo, veía que la devoción, el cariño, la adoración como él llama a la Virgen del Tepeyac, debía permanecer siempre como algo constitutivo, algo esencial para el pueblo mexicano.

Y no se equivocó, realmente hay que ver los millones y millones no únicamente de México, sino que del mundo entero se acercan precisamente aquí a esta Basílica del Tepeyac.

Pero precisamente los mexicanos, hay que ver los domingos, cualquier domingo del año la cantidad de personas, de mexicanos que están aquí presentes y no se diga en las grandes fiestas.

Por eso no podía quedar la Cruz Azul a un lado. Ya que precisamente uno de sus lemas que se trae: “Empresa cien por ciento mexicana”.

Pero le faltaría algo muy importante, lo mexicano sino acudiera en su peregrinación, además de las veces que pueda venir en particular una peregrinación oficial de la Cruz Azul, aquí en la Basílica de Guadalupe.

Pero además allá en Cruz Azul, allá cerca de la fábrica hay una iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe, una iglesia que se hizo posible que se levantará por ese cariño, por ese amor tan grande que tenía Guillermo Álvarez Macias. Él precisamente vio que era necesario que hubiera una iglesia en la Cruz Azul.

Ya que antes habría necesidad de ir hasta san Miguel Bindón, para poder celebrar misa, porque no había iglesia en caso de entonces. Él precisamente oyó lo que le decía su corazón, lo que le decían las personas, para  construir esa iglesia a la Santísima Virgen de Guadalupe.

La Cruz Azul tiene mucho, mucho de lo que debe de tener un hijo de María, un amante de la Santísima Virgen.

Por eso se ha esforzado por ayudar a los necesitados, a los pobres, por eso en todo su alrededor son concientes todos lo pueblos de la gran ayuda que tiene la Cruz Azul, ayudándolos en su desarrollo como pueblo, en su desarrollo completo, no únicamente en lo material, sino también en lo cultural.

Hace un poco de tiempo, hace un mes, que hubo sacerdotes que se reunieron aquí en la Basílica de toda la República, desde Chihuahua hasta Yucatán, celebraban un aniversario más de su ordenación sacerdotal, fueron a Tula querían ir a san Marcos y pasando por ahí, hicimos una escala en la Cruz Azul para que conocieran lo que era una ciudad en la que hay limpieza, en la que hay cultura.

Que precisamente se admiraron de ver lo que era la Cruz Azul actual. Alrededor precisamente de esa iglesia, que también admiraron.

La Cruz Azul sigue difundiendo y sigue también creciendo en ese amor a la Santísima Virgen de Guadalupe. Pero recordemos a la Virgen Santísima de Guadalupe, no únicamente se le venera o se muestra el cariño viniendo a la peregrinación o viniendo en algunas otras fechas, sí también, pero hay que demostrar nuestro amor a la Santísima Virgen María también con nuestra conducta. También si somos hijos de María debemos ser unos hijos de buena conducta, de buenos pensamientos, de buenas acciones.

No basta con que la Madre sea muy buena, también los hijos debemos demostrar esa bondad, debemos imitar esas virtudes de nuestra Madre, tanto la de aquí de la tierra, como de nuestra Madre también allá en el cielo Santísima Virgen María.

Demostremos ese amor, demostremos ese cariño a la Santísima Virgen, con nuestra vida, con nuestra conducta y con todos nuestros hechos.

 
 
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