
Nuestra Señora de Guadalupe nos anima a ser y transmitir
diálogo; es decir, a ofrendarnos y a donar generosamente lo
nuestro, abiertos al despliegue de los otros. Es de esta forma,
superando prejuicios nocivos e ideologías, cómo podremos
colaborar en la edificación de realidades sociales y eclesiales
más fraternas, al favorecer el fecundo encuentro entre diferentes
tradiciones y personas. Siendo capaces de vivir el poder que
tengamos como servicio y entrega, y no como imposición caprichosa
o violenta que pretenda ignorar o anular a lo diverso.