Las
cuatro Apariciones de la Virgen de Guadalupe
¡Ah,
que linda y hermosa mañana!
Ya
las avecillas comienzan a gorjear
Ensalzando a María Guadalupana
Que está colocada allá en el Tepeyac
¡Ah, que hermosos se miran los campos!
Llenos de vegetales, cosas de admirar, más
Hermosa se mira nuestra Reina.
Que está colocada allá en el Tepeyac
Aquel 12 de diciembre
Fechas memorables de nunca olvidar,
Que ha venido nuestra amorosa Madre
Y
quiso aparecerse allá en el Tepeyac
A un indito llamado Juan Diego
Por cuatro ocasiones se le apareció
Y al oír voces bajadas del cielo,
El naturalito pues se acobardó
Al
momento la Virgen le dijo:
“Ven, hijito mío, soy la Medre de Dios
Vengo desde el cielo empíreo
A darle consuelo a tu corazón”.
Se halla enfermo tu tío Bernardino,
No tengas pendiente, ya se recobró
Que del cielo tu haz sido escogido
Por ser obediente a la ley de Dios.
“Yo he bajado del cielo a la tierra
Para remediar a toda esta nación
Todo aquel que a mis plantas se viera
Bien arrepentido, de Mí tendrá el perdón”.
“Hijito mío, anda y mira al Obispo
Y de parte mía lo saludarás,
Le
dirás que la Virgen María
Pues desea un templo en el Tepeyac”.
“Madre mía”, le dijo el indito,
“en este momento voy a obedecer
Pero al ver que soy pobrecito
el Señor Obispo no me querrá creer”.
“Hijo mío”, la Virgen le dijo,
“esta diligencia debes correr;
Yo no he querido valerme de un rico,
Ni de grandes sabios de falso poder”.
Fue
Juan Diego y le dijo al Obispo:
“Mira padrecito, te vengo avisar
Que la Madre del Rey de los cielos
Pues desea un templo en el Tepeyac”.
El Obispo no creyó a Juan Diego
Juzgó sus palabras fuera de razón
Exigiole una seña luego,
Si
era que lo enviaba la Madre de Dios.
Al momento se volvió Juan Diego
Muy entristecido con mucho dolor
Y le dijo a la Reina del Cielo:
“el señor Obispo nada me creyó”.
El decía que le diera una seña
Pero que está sea de grande valor
Y la Virgen con voz muy risueña
Y con dulces palabras esto le ordenó
“Hijo mío, anda y sube a la cima
Y hallarás la seña que te quiero dar;
Hallarás
unas flores muy ricas
Las cuales en tu tilma tendrás que llevar”.
“Madre mía, si allí no se encuentra
Más que puras piedras y puro nopal,”
Pero
al subir a la cima Juan Diego
Halló tantas flores que era de admirar
Y al llevar estas flores Juan Diego
El señor Obispo admirado quedó
Luego, al ver a la Reina del Cielo,
Rindió su corona y se arrodilló
En la tilma quedó dibujada
La imagen amada, la Madre de Dios
Y desde entonces la Guadalupana
Fue la Reina indiana de toda esta nación.